Mensaje de la presidenta saliente

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El jardín de los senderos que se unen

De todas las experiencias humanas, las despedidas son quizás el trance más cargado de emociones contradictorias: por un lado nos entristecen y por otro nos llenan de júbilo porque siempre marcan el comienzo de algo nuevo.

Con ese cúmulo de sentimientos, hoy nos despedimos de la junta de directores de la Cofradía de Escritores de Puerto Rico, este jardín donde se unen los senderos de los estudiantes y egresados de la maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón. Comenzamos nuestras funciones el 25 de abril de 2015. El reto que nos impusimos fue el de involucrarnos en actividades en las que cada miembro de la organización pudiera sentirse apoyado. Para esto, participamos en ferias de libros, en el Festival de la Palabra, en actividades y conversatorios a los que fuimos invitados y otros que produjimos. Tuvimos la oportunidad de estar presentes y dejar huellas en San Juan, Santurce, Hato Rey, Cupey, Carolina, San Germán y Mayagüez. El contacto con el público lector y las conexiones para posibles intercambios en lo académico y en lo comercial son intangibles de gran valor para la organización como colectivo y para cada autor individualmente.

Ya los frutos del trabajo de esta junta y las anteriores se pueden notar. La Cofradía de Escritores de Puerto Rico se ha convertido en una organización de escritores reconocida en el ámbito literario y así lo demuestran las invitaciones a conversatorios y eventos importantes como la Feria Internacional del Libro en Mayagüez, la Feria del Libro con motivo de la apertura de la Biblioteca en la Universidad del Este en Carolina y el Conversatorio de la Feria Internacional del Libro en San Juan, entre otros. Nuestra matrícula es de cerca de 200 personas, así que la meta que tuvimos presente en nuestra gestión administrativa fue lograr que más cofrades se motivaran y participaran de las actividades. A esos efectos, mantuvimos la comunicación abierta con la matrícula en todo momento a través de todos los medios disponibles en internet, en las redes sociales y por correo electrónico.

Como proyecto emblemático decidimos, con mucho entusiasmo, convocar al Certamen de CuentoEntre Libros, con el propósito de motivar a estudiantes y egresados a participar con un cuento que tuviera como tema central la biblioteca. Hablarle de la biblioteca a un escritor o a un lector es como mencionarle el paraíso; así que nos embarcamos en esa aventura. Como miembros del jurado tuvimos un panel de lujo: la profesora y escritora Dra. Janette Becerra, una de nuestras más celebradas escritoras, premio Barco de Vapor, entre otros; los profesores y ensayistas Dra. Maite Ramos, y Dr. Roberto Echevarría. Se escogió un primer lugar y cinco menciones de honor en la categoría de estudiantes y un primer lugar y seis menciones de honor en la de egresados. Reconocemos el apoyo invaluable de tres colegas escritores en este proyecto: Dr. Emilio del Carril, colaborador entusiasta y extraordinario editor, quien respaldó la publicación de la antología con su sello editorial País Invisible; a Milagros González por el ensayo magnífico sobre la biblioteca, que complementa la antología;  y a Zayra Taranto por el excelente trabajo de fotografía de los ganadores del certamen. Destacamos que estos tres compañeros cofrades ofrecieron sus servicios como una colaboración libre de costo para la Cofradía.

Para todas las organizaciones, el Reglamento es una pieza de gran importancia porque es el documento mediante el cual se regulan las operaciones fundamentales para la entidad. Entendimos que necesitaba ampliarse, de manera que se presentó a la matrícula una propuesta de enmiendas. La misma fue aprobada en la Asamblea Ordinaria del 14 de mayo de 2016.

Una de las sugerencias de la matrícula en la asamblea de abril de 2015 fue que se continuara con la publicación de la Revista Rostro de Tinta. A esos efectos, se le encomendó la continuación del proyecto a la oficial de la junta María Bird Picó, a quien se le unió Richard Rivera Cardona. Tengo que señalar que la aportación de estos compañeros ha sido invaluable. Mantuvieron la publicación de una sección nueva cada dos semanas, lo que tuvo muy buena acogida y el impacto se ha dejado sentir.

Finalizo con el agradecimiento a mis compañeros de la junta de directores, cuyo compromiso hizo posible que los trabajos fluyeran sin obstáculos a lo largo de este año. Betty Díaz Cruz, vicepresidenta; Héctor Vélez Pabón, secretario; Isabel Rodríguez Casellas, tesorera; María Bird Picó y Richard Rivera Cardona, vocales. Para mí ha sido motivo de orgullo y gran satisfacción servirle a la Cofradía desde la presidencia.

A ustedes, compañeras y compañeros cofrades, gracias por la confianza que depositaron en nosotros para dirigir la Cofradía durante este año, por apoyar las actividades y ser parte integral del desarrollo de nuestra organización. Los felicitamos por todo lo que hacen día a día en el empeño sublime de fomentar la literatura y el quehacer cultural para que nuestra isla siga siendo un punto de unión de senderos y de solidaridad, hoy más que nunca. Gracias por ser proactivos en la construcción del Puerto Rico que todos queremos y merecemos.

Le deseamos mucho éxito a la nueva junta de directores en la consecución de proyectos que propendan al crecimiento de este jardín donde los senderos de los escritores puedan seguirse uniendo.

 

Sandra Santana
Presidenta saliente

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Imperios de hierba

JC_SantosPor Jean Santos Rivera

 

I wear this crown of shit
Upon my liar’s chair
Full of broken thoughts
I cannot repair

“Hurt”, Nine Inch Nails

 

Anselmo fue el que comenzó a dividir la tierra, ¿o fue Baltasar? Alguno de ellos se despertó un día, tomó unas estacas gruesas, una soga y un marrón; caminó por la llanura, saludando a su parentela y cuando le pareció que estaba justificadamente lejos de su propiedad plantó con sus brazos el poste que fijaba la colindancia con la finca vecina.

Décadas o tal vez un siglo habían convivido las familias sin tener que determinar hasta dónde era el territorio de cada quien. Los patriarcas de las respectivas familias, ya ciegos y seniles, no recordaban cual era la división. Si se les preguntaba solo señalaban hacia cualquier lado y pronunciaban: «Hasta allá, adonde está el olmo». Parecían no recordar que ese árbol pasó a ser una de las sillas en la que entonces se mecían.

¿Por qué les dio por definir las fronteras? Unos dicen que fue por temor a morir y que sus hijos se quedaran con menos de lo que en realidad poseían. Otros afirman que aquella mañana escucharon a Baltasar, ¿o a Anselmo?, decir que no tenía nada más que hacer. Sus esposas no confirmaron ni negaron esto. Les sirvieron sendos desayunos y como no era raro verles con herramientas en la mesa del comedor no preguntaron los planes del día.

Lo cierto es que no importa quien comenzó, el otro se le unió a mediados de esa mañana y reiteró los límites. De vez en cuando argüían y uno retiraba el poste del otro y lo enterraba donde entendía que sí iba. Lo hicieron solos. Sus hijos e hijas paseaban juntos, conversaban y jugaban entre ellos sin importarles a que casa habían nacido.

Uno le dijo a su prole con mucho orgullo: «Verán todo lo que la familia posee». El otro nunca se mostró cansado; aguantaba y evitaba jadear para mostrarse más fuerte. La larga valla recorrería desde donde terminaba el bosque del norte hasta donde comenzaban las montañas del sur.

Los patriarcas, a quienes los sentaban juntos en el balcón de una de las casas para que conversasen, no hablaron durante ese día. Los martilleos y las discusiones de sus hijos, ¿o eran nietos?, no los dejaban plantear un tema. Sí se disculpaban si alguno de los insolentes carpinteros decía algo que podría entenderse como ofensa hacia la otra familia.

Anselmo descansó al mediodía, al igual que Baltasar. Al volver, trajeron sus mapas de la finca que estaban rasgados en partes, vetustos y amarillentos. Concordaron que los documentos que delimitaban las propiedades con líneas imaginarias eran oficiales tras corroborar el sello del gobierno. Baltasar entonces se dedicó a construir la valla de norte a sur, mientras el otro martillaba de sur a norte. No tomaron materiales prestados; los postes, la madera, los clavos y martillos tenían las iniciales de la familia talladas en algún rincón.

Desconfiaron y prefirieron hacer sus respectivas verjas, no fuese que al construir una comunal el otro se aprovechara y adquiriera centímetros que no le correspondían. Dos cercas se formaron, una pegada a la otra, si acaso con unos milímetros de separación.

Los hombres siguieron entregados a la labor por días. Al término de ésta Anselmo se trepó a la copa de un árbol y Baltasar escaló parte de una montaña para corroborar la rectitud de la verja contigua.

Justo al medio del trayecto las cercas de ambos se despegaban y volvían a encontrarse y juntarse más adelante. Habían seguido los mapas correctamente. Ninguno había tomado tierra de más. Dicen que Baltasar se rió y Anselmo se enfadó, aunque otros aseguran que fue al contrario. Se reunieron y estudiaron los documentos del otro. No había fallo en ninguno. Se suponía que esa tierra no estuviese allí. No estaba evidenciada su existencia. ¿Sus padres cometieron un error? Al cuestionarles, los ancianos rascaban sus frentes sin saber qué contestar. Midieron las fincas desde extremos opuestos hasta encontrarse en ese punto colindante y la medida era correcta. Nadie tenía terreno de menos.

Por un tiempo, nadie se preocupó por la naturaleza que quedaba sin dueño. El pedazo sin conquistar no era tan grande. Apenas cabría un becerro o una oveja. Aun así no se la cedieron el uno al otro, sino que quedó allí esperando quien la reclamara. Por las tardes era común ver a los hombres disfrutar de un café en sus respectivos balcones fijando las miradas en esa porción de grama.

En una ocasión se vio a Baltasar subir a la montaña y a Anselmo trepar hasta la copa del árbol nuevamente. Estudiaron la valla e hicieron dibujos de ella. Luego, Baltasar (o Anselmo) le comentó a sus allegados que tuvo que reírse ya que parecía… no recordamos que dijo o quizás el que nos lo contó no se atrevió a decir a qué.

cuento

Desconocemos a qué se asemejaba, lo que sí podemos precisar es que de esa vez en adelante se miraban con desagrado y procuraban hacer tareas cerca de ese minúsculo terruño. Plantaron huertos y flores a lo largo del cercado, pero era con el propósito de pasar los días trabajando cerca del otro para velar que no intentara usurpar ese terreno que lucía tan bueno y fértil, según comentaron, para sembrar un arbolito de guayaba.

Llevaron el caso a las cortes. Uno argumentó que su familia llevaba más tiempo viviendo por esas tierras, por lo que sin duda ese pedazo era de ellos. El otro le refutó diciendo que la familia de él compró aquella finca y que en el acuerdo de compra y venta quedaba esa porción.

El litigio duró meses, ciertas personas afirman que seguía después de un año. La municipalidad no sabía por quién fallar, pues en realidad no se encontraba evidencia de que el terreno en pleito existía. Los abogados de Baltasar mencionaban que sí había evidencia, pero que se perdió en el fuego que consumió la oficina de permisos hacía tres años. El caso quedó en el limbo de los tribunales. Ya los jueces le huían y lo dejaban descansar en sus escritorios por largo tiempo, esperando que alguno cediera. Pero no se cumplió ese deseo.

Ya los hombres no sólo bebían café, sino que desayunaban, almorzaban y cenaban en sus balcones velando la hierba que comentaban que cada vez lucía más verde. Por las noches encendían fogatas a pasos de la cerca y mandaban a sus hijos a que hicieran guardia.

La noche en que por última vez se vio a los hombres, Anselmo le pidió a su esposa que le cosiera y preparara una bandera de franjas horizontales con los colores del escudo de la familia. Dicen que fue él, pero creemos que fue Baltasar ya que la mujer del otro no sabía coser. Permanecieron desvelados; pasaron la noche uno con bandera en brazos, el otro en una mecedora.

Cuando venía algún hijo o hija a pedirle que se acostara a dormir él decía que no podía porque «estoy defendiendo lo tuyo».

Al amanecer se levantaron de sus asientos y caminaron hacia el terreno deseado. Baltasar llevaba la bandera en mano (los colores en los escudos de las familias eran prácticamente los mismos), por más  que digan que era Anselmo, juramos que era el otro. El que llevaba la bandera se trepó en la cerca. «Ni te atrevas a pisar el suelo», dijo el otro levantando una escopeta. Varios dicen que fue por rencor, otros que el que tenía el arma era nervioso y sobreactuó. Una de las niñas dice que lo vio todo, pero no quiere hablar o cada vez que se dispone a contarlo llora. Lo cierto es que antes de que el hombre pusiese el talón en tierra el escopetazo le desfiguró la cara, según dicen. El cuerpo cayó perfectamente acostado bocabajo sobre el terreno y arropado por la bandera; ninguna extremidad se salió del espacio cercado.

El perpetrador huyó. Nadie sabe si hacia las montañas o al bosque, eso daría una pista de quién es el que yace muerto, ya que nadie se ha atrevido a recobrar o a tocar el cuerpo ni siquiera las autoridades que comenzaron un pleito para decidir a qué jurisdicción corresponde esa tierra.

* Mientras estudiaba su bachillerato en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Cayey,  el autor participó en el Círculo Literario de la Dra. Janette Becerra. En el Programa de Estudios de Honor de dicha universidad realizó y presentó como tesina creativa un compendio de cuentos detectivescos. Defendió su tesis de la Maestría en Creación Literaria, una novela de ciencia ficción, en octubre de 2012. Ha dado talleres de cuentos a jóvenes y niños. Actualmente es maestro de Inglés en el Departamento de Educación.

 

«Gerundiar» o no «gerundiar»

Por Marcial Torres Soto

¿Por qué el gerundio es el cuco de muchos escritores, traductores y redactores? ¿Cuántos no hemos escuchado que debemos evitarlo? ¿A cuántos estudiantes de Creación Literaria nos ha pasado que, durante la escritura de la tesis, el director nos resaltó una palabra en uno de los cuentos o novela y nos señaló algo similar a gerundio mal usado en llamativas letras rojas? ¿Verdad que sí? La respuesta es una: no sabemos utilizarlo porque los calcos del inglés hacen que muchas veces lo usemos incorrectamente.

El gerundio, según la definición de la Real Academia Española (RAE), es la «forma invariable no personal del verbo, cuya terminación regular, en español, es -ando en los verbos de la primera conjugación, -iendo o -yendo en los de la segunda y tercera […] suele denotar acción o efectos durativos».

En el Diccionario panhispánico de dudas se define como que «expresa la acción verbal en su desarrollo, sin indicación de tiempo, número ni persona, y se asimila generalmente al adverbio en su funcionamiento gramatical».

Me parece escuchar al lector: «Sí, sí, ¿y eso qué? Vamos al grano». Pues bien, uno de los errores más comunes es utilizar el gerundio en función adjetival. Yo le llamo gerundio adjetivado. Se ve con frecuencia en escritos legales: Moción solicitando se deje sin efecto… Por tanto, el título correcto de la moción debió ser: Moción para solicitar dejar sin efecto… o Moción que solicita se deje sin efecto… Y más concisa: Moción para dejar sin efecto… El gerundio jamás debe usarse como adjetivo. Nótese que he resaltado el adverbio negativo “jamás”.

Ahora bien, ¿cuándo el gerundio está bien utilizado y por qué? La norma de la RAE establece que el gerundio indica una acción durativa o un matiz de continuidad. Escribí es una acción acabada. Si escribí, se sobreentiende que ya no escribo. Lo mismo ocurre con escribía; fue algo que no se sabe cuánto duró, pero que ya no hago. Ahora bien, estoy escribiendo es una acción que todavía ocurre y no sabemos desde cuándo ni hasta cuándo durará (acción durativa). Podemos notar que escribiendo no nos dice quién ejecuta la acción (si soy yo, eres tú o es ella o él), por ello le llaman forma invariable no personal del verbo.

El gerundio debe indicar una acción inmediatamente anterior o posterior al verbo principal. Uso correcto: Viendo cómo la lluvia le mojaba el escritorio, cerró la ventana. En este caso, el ver y el cerrar son acciones casi simultáneas; vio y enseguida cerró. Aquí la acción del gerundio es inmediatamente antes. Un uso incorrecto del gerundio —y lo vemos continuamente en los noticiarios­— es: Para conocer más del operativo, sintonice nuestro noticiario mañana, en el que estaremos presentando la noticia cubriendo la fuga y el arresto de Fulano. Aquí vemos dos errores: uno muestra que no hay inmediatez del gerundio compuesto o circunlocución (estaremos presentando) ­­—porque será mañana­— con el verbo de la oración principal (sintonice) y, de nuevo, un gerundio adjetivado (noticia cubriendo). El error se corrige utilizando el verbo en tiempo futuro: en el que presentaremos la noticia de la fuga y el arresto Noten que me atreví a usar un gerundio en la oración principal. ¿Cómo se corrige el error? Utilizando el verbo en tiempo futuro.

El gerundio anterior ha servido de complemento circunstancial modal. Siempre contestará la pregunta ¿cómo? Por tanto, en la oración entró a la casa cantando, el gerundio nos indica cómo entró a la casa quien ejecuta la acción. Otro ejemplo muy utilizado por la RAE es: Salió de la casa dando un portazo. ¿Cómo salió? Dando un portazo. En ambos casos la acción del gerundio es inmediatamente después de la acción del verbo de la oración principal.

Por último, el gerundio puede tener un carácter explicativo: El hombre, dándose cuenta de que no tendría escapatoria, se entregó a la policía. Aquí tanto la oración principal como la explicación tienen el mismo sujeto y ambas acciones son simultáneas.

El libro Curso de Redacción, teoría y práctica de la composición y del estilo de Gonzalo Martín Vivaldi incluye más ejemplos de los usos correctos e incorrectos del gerundio, pero solo he destacado los ejemplos más comunes en esta ocasión.

El gerundio bien usado nos economiza la repetición de palabras o frases como: mientras, a la vez que, simultáneo con, de las que a veces abusamos para evitar el gerundio. Así que seamos atrevidos. ¡Sigamos utilizándolo!

*El autor es traductor certificado por la American Translators Association. Es egresado de la maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón.

Entrevista a José Antonio Benítez

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José Antonio Benítez nació en Río Piedras, San Juan, PR. Tiene un bachillerato en Ingeniería de Manufactura con concentración en Robótica Industrial de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Mayagüez y la Universidad Politécnica de Puerto Rico. Es egresado de la maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón. Publicó su primer libro de cuentos Literatría furtiva en Jazz en 2015. Como persona ciega, desea que todas las lecturas sean narradas (audio libros). Este deseo ha comenzado a ser una realidad, gracias a Lamaruca Editorial, su casa editora.

“Escribo para vivir en la época, moverme por el espacio y hablar con quien me dé la gana. Ese es el poder que tiene la invención más importante de los humanos: la escritura”, dice José Antonio Benítez. Conozcamos un poco más sobre este extraordinario escritor.

Por Sandra Santana

 ¿Cuándo sentiste, por primera vez, el deseo de escribir, de ser escritor?

Creo que en la escuela intermedia. En ese período me fascinaba hacer lecturas y discutirlas con otros estudiantes. La admiración por el autor de la obra me llevó a pensar que yo pudiera influenciar en otros de esa misma manera.

Luego, en el lugar donde me crie, había personas que te prestaban libros. Estos lo hacían desde el supuesto de que el sistema quería controlarnos con lecturas somníferas y que la verdad se encontraba en estas otras lecturas. Resultó en una operación de clandestinaje en la cual el que más leyera estaba más despierto y hacía más resistencia al sistema en una época de mucha turbulencia política, económica y religiosa.

 ¿Quiénes fueron los autores que te conquistaron en tus comienzos como lector? ¿Cuáles son tus preferidos de hoy?

Comencé con caricaturistas como: Rius (Eduardo del Río), Quino (Joaquín Lavado el de Mafalda) y Fontanarrosa (Roberto). Tenían la capacidad de contarte problemas complejos de historia, filosofía y economía con un humor mordaz e irreverente.

Leo mucho más de historia, política, economía y ciencias que de ficción. Entiendo que la ficción usa estas otras disciplinas como fondo, luego hay que leer la una para entender la otra. En eso de la ficción me han impresionado los obligados de muchos: García Márquez, Vargas Llosa, Roberto Bolaño, José Saramago y Julio Cortázar. Ahora leo a Marcela Serrano, Luis Sepúlveda, Elena Poniatowska, Jorge Volpi y a Santiago Gamboa. La novela negra me gusta mucho más y leo a Agatha Christie, a Conan Doyle, al recién fallecido, Henning Mankell, y no me pierdo un ejemplar de la revista mensual Ellery Queen.

 Estudiaste ingeniería y la practicaste por muchos años. Ahora que te dedicas a escribir, ¿qué significa la literatura para ti en esta etapa de tu vida?

Tener la oportunidad de influenciar en alguien es algo fabuloso. Que alguien te lea y reorganice los patrones neuronales por el mensaje que le enviaste es para mí el premio. Estudié la ingeniería de manufactura. En ella se fabrican cosas y me di cuenta de que en la “fabricación” de un texto, también hay reglas y el objetivo, tanto de los textos como los productos, es que la cosa funcione. El libro es un producto, aunque las letras sean parte de la creación artística, entonces ahí hay otra similitud.

Representa un gran reto para mí hacer diagramas y diseños en tres dimensiones siendo una persona ciega, pero la escritura me permite describir cualquier cosa para crear esa imagen en la mente del lector.

Dicen que las historias escogen a los autores y no al revés. ¿Estás de acuerdo?

No, no estoy de acuerdo, pues el conflicto, el golpe y el final lo debo tener antes de comenzar a escribir, entonces yo la busco a ella. Entiendo que la parte más difícil son las razones por las cuales vas a contar una historia y quiénes serán tus lectores. La ortografía y la gramática son como la receta de cocina: sabérsela es necesaria, pero sin ingredientes no se puede cocinar nada. Hay que estar donde las historias se emiten como rayos de luz, no para que nos iluminen, sino para que escojamos el color y brillantez. Las experiencias diarias, las conversaciones, las lecturas, la observación son los ríos donde se pescan las historias. La línea, el anzuelo y la carnada la pones tú. Si el pez que cae no cumple con tus expectativas lo devuelves al mar. En tu dormitorio, mirando al techo,  será más difícil que desarrolles la historia o “que te llegue”.

En estos tiempos de crisis, no solo en nuestro país sino en el mundo entero, ¿por qué escoger la literatura, por qué seguir escribiendo? ¿Se puede vivir de la literatura?

El escribir es una manifestación artística y se hace independientemente de lo rentable que pudiera ser. Muchas personas se sostienen desempeñándose en una profesión al tiempo que son escritores. Difiero de la premisa de que los problemas de vender nuestros libros tengan que ver con la situación económica. Aquí en nuestro país se celebran seis o siete eventos artísticos de primer orden con artistas del patio o internacionales de renombre, en los cuales el costo promedio del boleto sobrepasa los $70 y la asistencia se mide en miles. Una persona puede invertir en dos horas y media esa cantidad, a la que tiene perfecto derecho, pero no compra tres o cuatro libros; el problema no es de dinero.

La editorial de la Universidad de Puerto Rico, hace (¿hacía?) dos actividades de venta de libros, en las cuales podías conseguir libros desde 25 centavos. Con $20 podías llenar una mochila. Aun así, esas actividades no eran muy concurridas. Es algo así como cantar para sordos o hacer mímica para ciegos.

Repito, no todas nuestras manifestaciones deben tener rentabilidad económica. La satisfacción que me genera esta forma de vivir la practicaría aunque tenga que regalar los libros.

Puedo mencionar varios ejemplos de personas que viven de escribir (en otros lugares del mundo), luego la segunda parte de la pregunta no necesita mucho argumento: sí, se puede.

Tu primer libro publicado, Literatría furtiva en jazz, ¿cómo lo concebiste y por qué el título?

La mayoría de los 16 textos que contiene el libro los presenté en respuesta a las tareas asignadas en los talleres de la maestría en Creación Literaria. Los seleccioné por la variedad y en la editorial me ayudaron a dividirlos en cuatro secciones: personas traumadas, enfermeras, encuentros y filosóficos-históricos. Uno de los cuentos lleva como título, Literatría. Ese cuento le daría el título al libro, pero Mary Ely Marrero-Pérez, editora de Lamaruca, me sugirió que ampliara el título, pues en los cuentos hay mucha referencia a la música. Dado que otro de los cuentos, para el cual necesité 39 páginas para contarlo, lo titulé “Jazz furtivo”, y de ahí llegué al bautismo.

Literatría es un neologismo en el cual combino la palabra literatura con la palabra psiquiatría y la defino como la ciencia que estudia los trastornos mentales de aquellas personas que no consumen, no están expuestas o no generan literatura. Es furtiva, pues se hace a escondidas tratando de burlar el juicio del lector y el Jazz, como disciplina musical, marca el tono de los textos que van de lo solemne de El primer eclipse a lo lúdico de El maíz de la mazorca.

El proceso para publicar un libro en Puerto Rico no siempre resulta fácil para los escritores noveles. ¿Cómo fue el proceso en tu caso?

Se me hizo muy sencillo. La amistad, de muchos años,  con personal de Lamaruca ayudó, pues ya sabían cómo me gustaría que el libro se publicara. El hecho de que escogí el título, describí la portada que quería y la ayuda de Mary Ely y la artista Saimara Alejandro Hernández, me hicieron sentir que he contribuido también en la forma, además del contenido. Fue fácil también hacer varias correcciones necesarias y me ha ido muy bien en los siete meses que lleva el libro de publicado.

Reconozco que un libro es un producto para la venta y existen expertos que saben del atractivo que debe tener una cubierta para llamar la atención, pero se usa mucho la analogía de un libro con un bebé y a esas hermosas criaturas uno los nombra, viste y presenta como más nos guste. Al final, según una pregunta anterior sobre tiempos difíciles para vender libros, parece que los expertos en presentación no se han podido diferenciar del resto.

Es claro que el tema social te motiva. ¿Desde qué ángulo de la realidad te sitúas para contar la vida en tus cuentos? ¿Escribes con el propósito de denunciar situaciones específicas que te inquietan, o dejas que la historia fluya según te llegó?

Escribo desde el descontento que siento por muchas situaciones que se manifiestan en la sociedad que me tocó vivir. Aún no tengo el beneficio de un micrófono en un programa radial o televisivo. Tampoco imparto clases o tengo una audiencia cautiva a quienes hacerle saber cómo pienso, mucho menos tengo una columna semanal en un periódico. El trabajo que hacen los compañeros que tienen acceso a esos medios es excelente y lo estudio de cerca. Mi único turno al bate es en los libros. Allí debo expresar ese descontento utilizando actuantes y situaciones que muestren el ejemplo de la realidad que no funciona y por qué creo que no funciona. Me gusta señalar las ironías, las contradicciones y a los agachados que están detrás de los escondidos.

Escribir desde el punto de vista del sexo opuesto, y hacerlo en forma efectiva, es un gran reto. En tus cuentos proliferan los personajes femeninos fuertes. En Jazz furtivo, por ejemplo, la protagonista es una mujer muy moderna y desinhibida que seduce a un hombre ciego. En La noche que arrestaron a Santa Clos, la protagonista es una mujer que imparte justicia a su manera. En Ruta de cimarronas, mujeres valientes crean una red de escape para mujeres maltratadas. ¿Es un reto que te has impuesto o la convivencia con mujeres importantes en tu vida hace que fluyan las historias en forma natural?

No, no es algo que me haya impuesto, sencillamente, es en la desigualdad en donde están las historias y no las dejaré de narrar por el temor de pisar callos. Hay quienes me preguntan si ha sido difícil venir de un arrabal, criarme en un caserío, ser negro y persona ciega. Les contesto que si fuera mujer y mi orientación fuera distinta a la heterosexual, entonces estuviéramos hablando de una situación verdaderamente difícil.

Gandhi decía que las sociedades se podían juzgar por la forma en que trataban a los animales, Dostoievski decía lo mismo con respecto al trato a los reos; la nuestra, tiene malas notas por la forma en que trata a los maestros y a la mujer.

Tuve la suerte de conocer mujeres (además de la familia inmediata) que me hablaron y me recomendaron lecturas de lo conveniente para ciertos sectores en que todos nos sumemos a la comparsa misógina. No puedo decir que he conocido una mujer sumisa y si vamos a lo literario, eso de representar a mujeres que el premio consistió en casarse con un príncipe, que se tomaban un veneno o se tiraban al frente de un tren en marcha porque no podían vivir con su amado, sería repetir lo ya escrito.

El primer eclipse es un homenaje a tu señora madre. ¿Cuánto influyó su ejemplo en ti a la hora de decidir hacer una carrera como escritor?  

Ella influyó al fomentar en mí la lectura. Trabajó toda su vida como criada en casas de familia. Creo que notó desde temprano que la gran diferencia entre los intelectuales que habitaban esas casas y nosotros era el área de la biblioteca que ella tenía que desempolvar y a la que tanta referencia se hacía en las conversaciones. De nuevo, la lectura como la raíz de la escritura. Además, era muy buena contando historias y repitiendo historias que le habían contado.

Los escritores solemos ser muy idealistas. ¿Piensas que la literatura puede cambiar el mundo?

La literatura ha hecho  el mundo que conocemos. Si te fijas, no hay postura de nosotros los humanos ya sea espiritual o intelectual en la que no haya mediado un libro para que nos formemos. No tengo el espacio aquí para mencionar los autores y los libros que establecieron las bases de lo que somos. Si hablas de religión, de economía, de derechos de los que estamos en inequidad, de política, etcétera, encontrarás siempre un autor y un libro que cambió tu vida y la de tu prójimo. Claro está, la literatura es actividad humana y depende de lo que queramos señalar para poder ir cambiando persona a persona para que las cosas mejoren.

Abraham Lincoln dijo una vez que un ejército que usa barriles de pólvora no puede vencer a un ejército que usa barriles de tinta. El presidente yanqui se refería a la prensa, pero el ejemplo sirve para señalar que los de barriles de pólvora no se han cruzado de brazos y han conseguido que no le prestemos atención a la tinta.

La respuesta es sí, la literatura ha cambiado la sociedad y lo seguirá haciendo para la construcción de una sociedad más justa, pero eso depende de nosotros.

El escritor peruano Mario Vargas Llosa escribió una vez que sin erotismo no hay gran literatura. ¿Estás de acuerdo? ¿Cuán importante es el erotismo en tus narraciones?

El erotismo, como el resto de las manifestaciones humanas, es necesario para la buena literatura. Cuando escribimos, buscamos que el lector se sienta identificado con lo que lee y dado que el erotismo es parte de la vida de todos, ese escrito será valorado según la importancia que tiene el erotismo en la vida de quien lee. Puede sonar freudiano, pero no incluir en los escritos uno de los motores principales de la conducta humana sería el equivalente a eliminar el amor, el odio, la envidia y la culpa y no sé si quedaría literatura sin esas especias. En el libro, uso el erotismo como detonante de comportamientos. Se puede ver en Jazz furtivo y en La botella de vino.

Dice el poeta ecuatoriano Fabián Guerrero Obando que, “…cuando uno escribe, no escribe solamente para que ocurran las cosas que quisieras que ocurran, escribes también para ahuyentar lo que temes”. ¿Estás de acuerdo? ¿A qué le temes tú, qué demonios pretendes exorcizar mediante la escritura?

Estoy de acuerdo, pues ese comentario cumple perfectamente con mi definición de lo que es la expresión artística. Toda nuestra expresión la hacemos porque no podemos vivir con ella sin contarla. A ese tormento a que te someten las situaciones y los personajes en el proceso de relectura y reescritura de los textos, combinado con lo que quieres decir, le podemos llamar infierno y las constantes preguntas a que te somete el cerebro sobre lo que has creado le podemos llamar, demonio.

¿Cómo quisieras que te recordaran?

Como una persona que se negó a participar en la comparsa del olvido ni de la fiesta de “las cosas son así, porque son así”. Ya he recibido todos los premios que se pueden obtener en vida: mi madre dijo que era buen hijo y la familia que escogí y que me acogió, me considera buen integrante.

Como alguien que no aceptó lo establecido, pues para hacer esto último no hace falta estudiar nada ni leer nada. Duerme, come, ve al baño y vuélvete a acostar y ya eres parte de lo establecido, puede que tendrás menos problemas, pero me gustaría que me recordaran como alguien que encontró toda la satisfacción en la disidencia. Alguien que vio los hilos, supo quién los manejó y resistió.

“Un cuento es la fantasía de una sonrisa ante una carta de amor inesperada”

 

“Un cuento nace de una obsesión, de una cosquilla”.

“Todo cuento cortazariano tiene un final sorpresivo, un final circular”. 

 

La escritora puertorriqueña Mary Ely Marrero-Pérez reacciona a estas dos lecciones del escritor argentino Julio Cortázar:

 

mary 2“Un cuento es una consideración única de un asunto, aunque se trate de la situación más común y de los personajes más habituales. Un cuento es como la historia de un cartero del siglo XXI entristecido porque cada vez deposita menos cartas de amor en los buzones debido a que  las redes sociales han eliminado tal bella costumbre. Lo sabe porque los sobres están timbrados con los sellos de compañías y la tipografía muestra que una máquina ha escrito. Ya los sobres no lucen la tinta de una cursiva dirigida de un ser humano a otro. Decide escribir cartas dirigidas siempre a “Mi amor” y depositarlas al azar en los buzones. Nunca se entera de las reacciones de los receptores, pero fantasea con las sonrisas que provoca. La consideración única del cartero y sus procederes exclusivos, hacen del depósito de las cartas una entrega de excentricidades inesperadas.  

Un cuento es como la historia de ese cartero que finalmente abre su propio buzón y halla una carta de amor dedicada a “Mi amor”, escrita en una letra que no es la suya y por la cual su esposa más tarde sonríe. Se reintegra afligido a su trabajo, dispuesto a repartir solo las facturas de las grandes empresas, para encontrarse con la sorpresa de muchos sobres escritos en la tinta cursiva que tanto extrañaba, dirigidas de un nombre propio a otro como antes.

La explicación sobra; el lector no merece que subestimemos su suspicacia. Hilará los eventos y sabrá que detrás de una circunstancia aparentemente insignificante, hay una propuesta temática analizable a la luz del contexto social. Un cuento que necesita ser explicado carece de independencia, y el escritor solo en sus textos es eterno. Esto no significa que la simpleza y la nimiedad sean requisitos narrativos, sino que (pese a la complejidad del texto) el cuento sea por sí mismo un comunicador extraordinario.

Un cuento debe ser memorable. Los lectores deben abrir el buzón y aspirar a una carta de amor; si son carteros, podrían sonreír al pensar en la posibilidad de la empresa leída; si ven sonreír a sus parejas (carta en mano)… bueno, las posibilidades se multiplican. Si recuerdan el cuento, la misión de impacto se cumple. Como narradores, debemos trastocar al lector y regalarnos una sonrisa maliciosa por las posibles reacciones que, ante nuestro escrito, tendrá cada lector”.

*Mary Ely Marrero–Pérez tiene una maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón y cursa el doctorado en Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico. Se dedica a la enseñanza y a la gestoría cultural a través de Lamaruca, Gesta Cultural Vitrata, institución sin fines de lucro que fundó en el 2015. Sus obras de teatro se han montado en los principales teatros del país y sus textos narrativos, ensayísticos y poéticos perfilan en libros y revistas locales e internacionales. Es la autora de la novela El abraso y el libro de cuentos Hambre. maryelymp@gmail.com

Colaboración de la escritora Betty Díaz, vicepresidenta de la Cofradía de Escritores de Puerto Rico.

“Me gusta”

FotoJoanVidotPor Joan Vidot

Perlita:

Recogiendo tu cuarto encontré un panty tuyo con unas manchas de sangre y aunque tal vez no te atrevas a decírmelo, soy tu madre y te conozco muy bien: esa sangre está en tu panty porque te cayó la regla.         

Ay mamita, ¡quítate esa vergüenza conmigo! Tarde o temprano me iba a enterar. ¡Qué emoción saber que ya eres una mujercita! Tus senos crecerán, podrás rasurar tus piernas y serás la envidia de todas tus compañeritas.

Perlita, lo que te espera no será fácil y una vez al mes sentirás mucho dolor, pero Dios no se equivoca y si te hizo mujer, es porque sabrás aguantar. Ya verás que con cada regla que te caiga, ¡te pondrás más hermosa!

Te compré toallas sanitarias con fragancia a talco de bebé porque para mí, siempre serás mi bebé.

Dios te bendiga, te amo mucho.

Cuando la orgullosa madre terminó de escribir, agregó en su mensaje dos fotografías: en una de ellas aparecía su hija desfilando en la graduación de sexto grado, y en la otra, el panty manchado de sangre.

Revisó su escrito y las imágenes, y oprimió el botón “Publicar”.

……

Nota: Este cuento fue uno de los 30 finalistas en el Décimo Campeonato Mundial de Cuento Corto Oral celebrado el 5 de junio de 2015 en la Universidad del Sagrado Corazón.

*Joan Vidot es escritora. Posee un bachillerato en Historia del Arte de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Rio Piedras. Actualmente se desempeña como publicista, y es estudiante de  maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón.

 

 

 

En un golpe de suerte

NataliaGalindoPor Natalia Victoria Galindo

Manuel se encontró sentado en un banco de la plaza sin saber cómo había llegado hasta allí. Desorientado, recorrió los alrededores con la vista en busca de algo o alguien conocido. Se levantó despacio y comenzó a vagar sin rumbo hasta que se topó con un niño que relamía una piragua. Miró el cono salpicado de rojo y le pareció saborear el néctar de la frambuesa. Una sonrisa infantil se le dibujó en el rostro mientras venían a su mente recuerdos intermitentes de su niñez. De repente el nombre de María se coló entre sus memorias de infancia y supo dónde estaba. Vivía cerca, a dos calles de la plaza.

Caminó con prisa para no olvidar el camino de regreso a casa y al llegar entró sigiloso. Quería sorprender a su esposa, como cuando eran jóvenes, pero la encontró dormida y se sentó en el sillón al lado de la cama para no molestarla. Mientras se mecía observó las canas que le pintaban el pelo, la extrema delgadez de los brazos y se acercó para acariciarla. La sintió fría, inerte. Trató de despertarla y recordó que al levantarse esa mañana la había encontrado sin vida.

Entre lágrimas le tomó las manos con la ternura de otros tiempos y recostó la cabeza en su regazo. Se quedó inmóvil, en compás de espera, escuchando el ruido acompasado del abanico de techo, hasta que en un golpe de suerte se le volvió a perder la memoria.

Entonces, creyéndola dormida, salió feliz hacia la plaza para comerse otra piragua de frambuesa.

……

Nota: Este cuento fue uno de los 30 finalistas en el Décimo Campeonato Mundial de Cuento Corto Oral celebrado el 5 de junio de 2015 en la Universidad del Sagrado Corazón.

*Natalia Victoria Galindo posee una Maestría en Creación Literaria y es Contador Público Autorizado de profesión. En 2011 su cuento Pintar a ciegas obtuvo el segundo premio exaequo del Certamen de Narrativa Corta de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Mayagüez. Ha colaborado con las revistas Trapecio y Letras Salvajes. En tres ocasiones ha sido seleccionada en el grupo de lectores finalistas del Campeonato Mundial del Cuento Corto Oral, recibiendo Mención Honorífica en el décimo certamen por su cuento En un golpe de suerte.