Entrevista a José Antonio Benítez

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José Antonio Benítez nació en Río Piedras, San Juan, PR. Tiene un bachillerato en Ingeniería de Manufactura con concentración en Robótica Industrial de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Mayagüez y la Universidad Politécnica de Puerto Rico. Es egresado de la maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón. Publicó su primer libro de cuentos Literatría furtiva en Jazz en 2015. Como persona ciega, desea que todas las lecturas sean narradas (audio libros). Este deseo ha comenzado a ser una realidad, gracias a Lamaruca Editorial, su casa editora.

“Escribo para vivir en la época, moverme por el espacio y hablar con quien me dé la gana. Ese es el poder que tiene la invención más importante de los humanos: la escritura”, dice José Antonio Benítez. Conozcamos un poco más sobre este extraordinario escritor.

Por Sandra Santana

 ¿Cuándo sentiste, por primera vez, el deseo de escribir, de ser escritor?

Creo que en la escuela intermedia. En ese período me fascinaba hacer lecturas y discutirlas con otros estudiantes. La admiración por el autor de la obra me llevó a pensar que yo pudiera influenciar en otros de esa misma manera.

Luego, en el lugar donde me crie, había personas que te prestaban libros. Estos lo hacían desde el supuesto de que el sistema quería controlarnos con lecturas somníferas y que la verdad se encontraba en estas otras lecturas. Resultó en una operación de clandestinaje en la cual el que más leyera estaba más despierto y hacía más resistencia al sistema en una época de mucha turbulencia política, económica y religiosa.

 ¿Quiénes fueron los autores que te conquistaron en tus comienzos como lector? ¿Cuáles son tus preferidos de hoy?

Comencé con caricaturistas como: Rius (Eduardo del Río), Quino (Joaquín Lavado el de Mafalda) y Fontanarrosa (Roberto). Tenían la capacidad de contarte problemas complejos de historia, filosofía y economía con un humor mordaz e irreverente.

Leo mucho más de historia, política, economía y ciencias que de ficción. Entiendo que la ficción usa estas otras disciplinas como fondo, luego hay que leer la una para entender la otra. En eso de la ficción me han impresionado los obligados de muchos: García Márquez, Vargas Llosa, Roberto Bolaño, José Saramago y Julio Cortázar. Ahora leo a Marcela Serrano, Luis Sepúlveda, Elena Poniatowska, Jorge Volpi y a Santiago Gamboa. La novela negra me gusta mucho más y leo a Agatha Christie, a Conan Doyle, al recién fallecido, Henning Mankell, y no me pierdo un ejemplar de la revista mensual Ellery Queen.

 Estudiaste ingeniería y la practicaste por muchos años. Ahora que te dedicas a escribir, ¿qué significa la literatura para ti en esta etapa de tu vida?

Tener la oportunidad de influenciar en alguien es algo fabuloso. Que alguien te lea y reorganice los patrones neuronales por el mensaje que le enviaste es para mí el premio. Estudié la ingeniería de manufactura. En ella se fabrican cosas y me di cuenta de que en la “fabricación” de un texto, también hay reglas y el objetivo, tanto de los textos como los productos, es que la cosa funcione. El libro es un producto, aunque las letras sean parte de la creación artística, entonces ahí hay otra similitud.

Representa un gran reto para mí hacer diagramas y diseños en tres dimensiones siendo una persona ciega, pero la escritura me permite describir cualquier cosa para crear esa imagen en la mente del lector.

Dicen que las historias escogen a los autores y no al revés. ¿Estás de acuerdo?

No, no estoy de acuerdo, pues el conflicto, el golpe y el final lo debo tener antes de comenzar a escribir, entonces yo la busco a ella. Entiendo que la parte más difícil son las razones por las cuales vas a contar una historia y quiénes serán tus lectores. La ortografía y la gramática son como la receta de cocina: sabérsela es necesaria, pero sin ingredientes no se puede cocinar nada. Hay que estar donde las historias se emiten como rayos de luz, no para que nos iluminen, sino para que escojamos el color y brillantez. Las experiencias diarias, las conversaciones, las lecturas, la observación son los ríos donde se pescan las historias. La línea, el anzuelo y la carnada la pones tú. Si el pez que cae no cumple con tus expectativas lo devuelves al mar. En tu dormitorio, mirando al techo,  será más difícil que desarrolles la historia o “que te llegue”.

En estos tiempos de crisis, no solo en nuestro país sino en el mundo entero, ¿por qué escoger la literatura, por qué seguir escribiendo? ¿Se puede vivir de la literatura?

El escribir es una manifestación artística y se hace independientemente de lo rentable que pudiera ser. Muchas personas se sostienen desempeñándose en una profesión al tiempo que son escritores. Difiero de la premisa de que los problemas de vender nuestros libros tengan que ver con la situación económica. Aquí en nuestro país se celebran seis o siete eventos artísticos de primer orden con artistas del patio o internacionales de renombre, en los cuales el costo promedio del boleto sobrepasa los $70 y la asistencia se mide en miles. Una persona puede invertir en dos horas y media esa cantidad, a la que tiene perfecto derecho, pero no compra tres o cuatro libros; el problema no es de dinero.

La editorial de la Universidad de Puerto Rico, hace (¿hacía?) dos actividades de venta de libros, en las cuales podías conseguir libros desde 25 centavos. Con $20 podías llenar una mochila. Aun así, esas actividades no eran muy concurridas. Es algo así como cantar para sordos o hacer mímica para ciegos.

Repito, no todas nuestras manifestaciones deben tener rentabilidad económica. La satisfacción que me genera esta forma de vivir la practicaría aunque tenga que regalar los libros.

Puedo mencionar varios ejemplos de personas que viven de escribir (en otros lugares del mundo), luego la segunda parte de la pregunta no necesita mucho argumento: sí, se puede.

Tu primer libro publicado, Literatría furtiva en jazz, ¿cómo lo concebiste y por qué el título?

La mayoría de los 16 textos que contiene el libro los presenté en respuesta a las tareas asignadas en los talleres de la maestría en Creación Literaria. Los seleccioné por la variedad y en la editorial me ayudaron a dividirlos en cuatro secciones: personas traumadas, enfermeras, encuentros y filosóficos-históricos. Uno de los cuentos lleva como título, Literatría. Ese cuento le daría el título al libro, pero Mary Ely Marrero-Pérez, editora de Lamaruca, me sugirió que ampliara el título, pues en los cuentos hay mucha referencia a la música. Dado que otro de los cuentos, para el cual necesité 39 páginas para contarlo, lo titulé “Jazz furtivo”, y de ahí llegué al bautismo.

Literatría es un neologismo en el cual combino la palabra literatura con la palabra psiquiatría y la defino como la ciencia que estudia los trastornos mentales de aquellas personas que no consumen, no están expuestas o no generan literatura. Es furtiva, pues se hace a escondidas tratando de burlar el juicio del lector y el Jazz, como disciplina musical, marca el tono de los textos que van de lo solemne de El primer eclipse a lo lúdico de El maíz de la mazorca.

El proceso para publicar un libro en Puerto Rico no siempre resulta fácil para los escritores noveles. ¿Cómo fue el proceso en tu caso?

Se me hizo muy sencillo. La amistad, de muchos años,  con personal de Lamaruca ayudó, pues ya sabían cómo me gustaría que el libro se publicara. El hecho de que escogí el título, describí la portada que quería y la ayuda de Mary Ely y la artista Saimara Alejandro Hernández, me hicieron sentir que he contribuido también en la forma, además del contenido. Fue fácil también hacer varias correcciones necesarias y me ha ido muy bien en los siete meses que lleva el libro de publicado.

Reconozco que un libro es un producto para la venta y existen expertos que saben del atractivo que debe tener una cubierta para llamar la atención, pero se usa mucho la analogía de un libro con un bebé y a esas hermosas criaturas uno los nombra, viste y presenta como más nos guste. Al final, según una pregunta anterior sobre tiempos difíciles para vender libros, parece que los expertos en presentación no se han podido diferenciar del resto.

Es claro que el tema social te motiva. ¿Desde qué ángulo de la realidad te sitúas para contar la vida en tus cuentos? ¿Escribes con el propósito de denunciar situaciones específicas que te inquietan, o dejas que la historia fluya según te llegó?

Escribo desde el descontento que siento por muchas situaciones que se manifiestan en la sociedad que me tocó vivir. Aún no tengo el beneficio de un micrófono en un programa radial o televisivo. Tampoco imparto clases o tengo una audiencia cautiva a quienes hacerle saber cómo pienso, mucho menos tengo una columna semanal en un periódico. El trabajo que hacen los compañeros que tienen acceso a esos medios es excelente y lo estudio de cerca. Mi único turno al bate es en los libros. Allí debo expresar ese descontento utilizando actuantes y situaciones que muestren el ejemplo de la realidad que no funciona y por qué creo que no funciona. Me gusta señalar las ironías, las contradicciones y a los agachados que están detrás de los escondidos.

Escribir desde el punto de vista del sexo opuesto, y hacerlo en forma efectiva, es un gran reto. En tus cuentos proliferan los personajes femeninos fuertes. En Jazz furtivo, por ejemplo, la protagonista es una mujer muy moderna y desinhibida que seduce a un hombre ciego. En La noche que arrestaron a Santa Clos, la protagonista es una mujer que imparte justicia a su manera. En Ruta de cimarronas, mujeres valientes crean una red de escape para mujeres maltratadas. ¿Es un reto que te has impuesto o la convivencia con mujeres importantes en tu vida hace que fluyan las historias en forma natural?

No, no es algo que me haya impuesto, sencillamente, es en la desigualdad en donde están las historias y no las dejaré de narrar por el temor de pisar callos. Hay quienes me preguntan si ha sido difícil venir de un arrabal, criarme en un caserío, ser negro y persona ciega. Les contesto que si fuera mujer y mi orientación fuera distinta a la heterosexual, entonces estuviéramos hablando de una situación verdaderamente difícil.

Gandhi decía que las sociedades se podían juzgar por la forma en que trataban a los animales, Dostoievski decía lo mismo con respecto al trato a los reos; la nuestra, tiene malas notas por la forma en que trata a los maestros y a la mujer.

Tuve la suerte de conocer mujeres (además de la familia inmediata) que me hablaron y me recomendaron lecturas de lo conveniente para ciertos sectores en que todos nos sumemos a la comparsa misógina. No puedo decir que he conocido una mujer sumisa y si vamos a lo literario, eso de representar a mujeres que el premio consistió en casarse con un príncipe, que se tomaban un veneno o se tiraban al frente de un tren en marcha porque no podían vivir con su amado, sería repetir lo ya escrito.

El primer eclipse es un homenaje a tu señora madre. ¿Cuánto influyó su ejemplo en ti a la hora de decidir hacer una carrera como escritor?  

Ella influyó al fomentar en mí la lectura. Trabajó toda su vida como criada en casas de familia. Creo que notó desde temprano que la gran diferencia entre los intelectuales que habitaban esas casas y nosotros era el área de la biblioteca que ella tenía que desempolvar y a la que tanta referencia se hacía en las conversaciones. De nuevo, la lectura como la raíz de la escritura. Además, era muy buena contando historias y repitiendo historias que le habían contado.

Los escritores solemos ser muy idealistas. ¿Piensas que la literatura puede cambiar el mundo?

La literatura ha hecho  el mundo que conocemos. Si te fijas, no hay postura de nosotros los humanos ya sea espiritual o intelectual en la que no haya mediado un libro para que nos formemos. No tengo el espacio aquí para mencionar los autores y los libros que establecieron las bases de lo que somos. Si hablas de religión, de economía, de derechos de los que estamos en inequidad, de política, etcétera, encontrarás siempre un autor y un libro que cambió tu vida y la de tu prójimo. Claro está, la literatura es actividad humana y depende de lo que queramos señalar para poder ir cambiando persona a persona para que las cosas mejoren.

Abraham Lincoln dijo una vez que un ejército que usa barriles de pólvora no puede vencer a un ejército que usa barriles de tinta. El presidente yanqui se refería a la prensa, pero el ejemplo sirve para señalar que los de barriles de pólvora no se han cruzado de brazos y han conseguido que no le prestemos atención a la tinta.

La respuesta es sí, la literatura ha cambiado la sociedad y lo seguirá haciendo para la construcción de una sociedad más justa, pero eso depende de nosotros.

El escritor peruano Mario Vargas Llosa escribió una vez que sin erotismo no hay gran literatura. ¿Estás de acuerdo? ¿Cuán importante es el erotismo en tus narraciones?

El erotismo, como el resto de las manifestaciones humanas, es necesario para la buena literatura. Cuando escribimos, buscamos que el lector se sienta identificado con lo que lee y dado que el erotismo es parte de la vida de todos, ese escrito será valorado según la importancia que tiene el erotismo en la vida de quien lee. Puede sonar freudiano, pero no incluir en los escritos uno de los motores principales de la conducta humana sería el equivalente a eliminar el amor, el odio, la envidia y la culpa y no sé si quedaría literatura sin esas especias. En el libro, uso el erotismo como detonante de comportamientos. Se puede ver en Jazz furtivo y en La botella de vino.

Dice el poeta ecuatoriano Fabián Guerrero Obando que, “…cuando uno escribe, no escribe solamente para que ocurran las cosas que quisieras que ocurran, escribes también para ahuyentar lo que temes”. ¿Estás de acuerdo? ¿A qué le temes tú, qué demonios pretendes exorcizar mediante la escritura?

Estoy de acuerdo, pues ese comentario cumple perfectamente con mi definición de lo que es la expresión artística. Toda nuestra expresión la hacemos porque no podemos vivir con ella sin contarla. A ese tormento a que te someten las situaciones y los personajes en el proceso de relectura y reescritura de los textos, combinado con lo que quieres decir, le podemos llamar infierno y las constantes preguntas a que te somete el cerebro sobre lo que has creado le podemos llamar, demonio.

¿Cómo quisieras que te recordaran?

Como una persona que se negó a participar en la comparsa del olvido ni de la fiesta de “las cosas son así, porque son así”. Ya he recibido todos los premios que se pueden obtener en vida: mi madre dijo que era buen hijo y la familia que escogí y que me acogió, me considera buen integrante.

Como alguien que no aceptó lo establecido, pues para hacer esto último no hace falta estudiar nada ni leer nada. Duerme, come, ve al baño y vuélvete a acostar y ya eres parte de lo establecido, puede que tendrás menos problemas, pero me gustaría que me recordaran como alguien que encontró toda la satisfacción en la disidencia. Alguien que vio los hilos, supo quién los manejó y resistió.

Entrevista a Luis Alejandro Polanco

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Foto: Willie Sepúlveda

Por Richard Rivera Cardona

El escritor dominicano Luis Alejandro Polanco, radicado en Puerto Rico hace más de 20 años, afirma que dos de sus pasiones son la arquitectura y la literatura. En 1986 obtuvo el grado de arquitecto en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en 2010 se graduó de la maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón (USC) y en 2014 publicó la novela No habrá primavera en abril, que se alzó con el segundo premio en la categoría de mejor novela de ficción histórica, en español, de los International Latino Book Awards 2015. Actualmente realiza su tesis doctoral en literatura en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe (CEAPRC).

Conversamos con él y a continuación la entrevista.

Eres arquitecto y escritor, ¿en qué punto se intersecan estas dos artes, si alguno?

Como arquitecto diseño espacios funcionales y agradables para ser habitados por el hombre. Como escritor tengo la convicción de que en ningún momento me he desligado de la arquitectura, ya que la creación literaria es puro arte. En mi quehacer literario diseño y construyo espacios imaginarios para que el lector los pueda disfrutar a través de la narración. Intento edificar mis textos con la precisión y complejidad que envuelve una obra arquitectónica.

¿Qué temas te interesan o preocupan como escritor?

Me interesan los temas sociales, políticos y religiosos; sobre todo cuando encierran denuncias, abusos de poder y corrupción. El binomio amor-odio es otro tema que me cautiva por las necesidades afectivas que tiene el ser humano. Es interesante cómo se puede desarrollar una narrativa, sin caer en el vicio de la cursilería, que gire en torno a personajes que muestren sus fortalezas o debilidades cuando carecen de amor. Es incomprensible la dualidad de amar y odiar que se puede generar en una relación. El amor no es un tema trillado ni obsoleto, muy por el contrario es inagotable.

Me preocupan los puntos vulnerables y el comportamiento hipócrita del hombre y la mujer. Igualmente, me gusta trabajar el tema de la marginalidad, que se enmarca dentro del ámbito de lo social. Por ejemplo, me atrae mucho escribir sobre la degeneración del individuo, la locura, la traición, la drogadicción y la prostitución. Estas conductas convierten a los personajes en héroes problemáticos, los cuales transitan en un mundo viciado que ni entienden ni aceptan. Sin embargo, viven de acuerdo a sus ideales, ateniéndose a las consecuencias. El papel del escritor consiste en traducir y expresar la contemporaneidad en la que vive.

¿Qué autores y obras han ejercido influencia en tu forma de escribir?

Debo confesarte que para el desarrollo de la novela No habrá primavera en abril me sentí influido por dos obras: Mañana en la batalla piensa en mí  y El silencio de Galileo. En la primera observé cómo Javier Marías describía el entorno urbano y los objetos que lo circundaban con una destreza extraordinaria. Eso me ayudó a desplazarme con libertad por las calles de Oklahoma para describir y mostrar, en detalle, una escena citadina. De igual modo, tuve la oportunidad de leer la novela de Luis López Nieves, mientras escribía la tesis. Dicho texto me estimuló a la invención. Me dije: “Si mi director de tesis es el rey de las historias truncadas, voy a tratar de cautivarlo con mi novela”.

Por otra parte, en el género de cuento hay varios autores que de una y otra forma han contribuido en mi formación como escritor. Entre ellos tengo que mencionar a Juan Bosch, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Edgar Allan Poe, Horacio Quiroga, Anton Chejov y Guy de Maupassant.

¿Tienes algún ritual o manía a la hora de escribir? 

Sí. Lo primero es que nunca me siento frente a la pantalla de la computadora si no tengo un borrador de antemano o un boceto mental de lo que quiero hacer. A mí, las ideas me surgen rápido y muchas veces tengo que tomar notas de inmediato porque me puede sobrevenir algún tema diferente para otro cuento. A veces en mi cabeza se entretejen un sinnúmero  de ideas que si no las anoto enseguida se me olvidan, y luego solo puedo recuperar un par de ellas. He descubierto que cuando escribo un cuento en una libreta y más tarde lo paso a la computadora, el resultado es más efectivo que cuando lo transcribo directamente de la memoria al ordenador.

Otro hábito o manía que tengo es que soy un poco desorganizado. Por ejemplo, en mi área de trabajo puedo tener una hilera de libros y papeles que estoy consultando y no me gusta guardarlos ni archivar nada hasta no terminar la investigación que estoy realizando. Sin embargo, cuando voy a iniciar una nueva investigación o un trabajo literario de envergadura, entonces tengo que organizar el área. Encuentro que es como despejar la mente e iniciar de nuevo otro proyecto literario.  

Carátula No habrá primavera en abrilNo habrá primavera en abril se desarrolla en el marco de dos eventos de gran impacto mediático en los Estados Unidos: la masacre de la secta de los davidianos, en Waco, Texas, en 1993, y el bombazo de Oklahoma, en 1995. ¿Por qué escogiste estos dos acontecimientos para hilvanar la historia?

El 19 de abril de 1995 escuché que un joven de veintisiete años había colocado un camión-bomba frente a un edificio federal en Oklahoma donde había una guardería infantil. En aquel momento fueron tantas las interrogantes que me surgieron que decidí seguir el caso del atentado muy de cerca. Desde entonces, la imagen de Timothy McVeigh se grabó en mi pensamiento. Los dos acontecimientos se entrelazan y tuvieron una estrecha relación, porque uno fue consecuencia del otro. La explosión del edificio federal Alfred P. Murrah, en Oklahoma, ocurrió justo en el segundo aniversario del incidente en el Rancho Monte Carmelo, sede de los davidianos, en Waco, Texas. El atentado en Oklahoma fue como represalia a las acciones del gobierno durante los cincuenta y un días que duró el cerco y que terminó con la masacre del reverendo David Koresh y sus adeptos.

¿Por qué dedicaste la novela a Timothy McVeigh, autor de los actos terroristas en Oklahoma City? 

Timothy McVeigh, el multiasesino más despreciado de Oklahoma, no es amigo mío, aunque la dedicatoria dice: “A mi gran amigo Timothy McVeigh”. Me parece que ese es el segundo cuestionamiento que se hace el lector; el primero es el título, pero la respuesta al enigma se contesta al leer el texto. 

Uno de los poderes de la literatura es que los lectores pueden identificarse con algunos personajes y comprender sus motivaciones. ¿De qué cualidades o sentimientos dotaste a Timothy McVeigh y a su amigo Ron Black de modo que los lectores puedan conectar con personajes, a simple vista, despiadados?

Traté de caracterizar a los dos personajes principales de la novela tomando como patrón la conducta del hombre moderno. Por un lado, vemos al exmarine McVeigh, un veterano de la Guerra del Golfo, con una trayectoria militar en progreso por su destacada participación en el conflicto bélico. Luego, observamos cómo después de regresar de Kuwait e ingresar a los boinas verdes, se quebranta su ideal de ser algún día general, al desertar de las Fuerzas Especiales del Ejército de los Estados Unidos. Esto fue un golpe que le provocó un coraje desmedido consigo mismo y con el sistema de poder operante en los regimientos. Entonces se convierte en transgresor y comienza a combatir contra el gobierno federal. A través de sus acciones, comportamiento y de sus luchas, conocemos a un hombre sensible al dolor ajeno que defiende a los más débiles y ataca al poderoso opresor.

Por otra parte, Ron Black se desnuda demostrando sus debilidades: la ambición, la lujuria, la traición, el consumismo, adicción a los juegos de azar y falta de tolerancia. Todo esto envuelto en una nube de mentiras que él mismo construye y admite. Ron se muestra tal cual es y por su parte, el lector comenzará a percibir otros aspectos de su conducta que él ignora. Este mostrar y ocultar, por parte del desconocimiento de Ron Black, crea una intimidad de complicidad con el receptor que puede causar pena. Es posible que el lector se identifique con alguno de los dos personajes porque pudiera estar atravesando por una situación similar a la de ellos. Melvin Rodríguez-Rodríguez comenta que yo logro mostrar los claroscuros de estos personajes, destruyendo las visiones preestablecidas que se puedan tener de ellos.

En algún momento la trama de la novela se desarrolla en Puerto Rico, ¿por qué esta idea?

Ron Black regresaba de un viaje. Lo quise sacar de Waco para que no estuviera en el rancho cuando los federales sitiaron las instalaciones de los davidianos. “Vendrá de Inglaterra”, pensé. Pero en fracciones de segundo, recapitulé y me dije: “Creo que sería más interesante si viaja desde Puerto Rico”. ¡Bendita sea la hora en que se me ocurrió la Isla del Encanto! Esta decisión le dio un giro favorable y sorprendente a la historia. Yo mismo no sabía qué pasaría de ahí en adelante. El desarrollo de la novela se efectuó página a página. A partir de ese punto, no trabajé con el esquema que tenía delineado en la propuesta de mi novela. Era como si una revelación divina me dictara siempre lo más adecuado para resolver un asunto neurálgico de la historia sin afectar la trama.

Uno de los espacios en que se adentra la novela es el mundo de las sectas. ¿Qué discurso o ángulo quisiste destacar?

Que cualquier institución, no importa su naturaleza, no está exenta ni es invulnerable a la corrupción de sus dirigentes. Vemos cómo los adeptos del reverendo, fieles seguidores suyos, fueron engañados por él, hasta el punto de seducir a sus esposas e hijas menores y tener relaciones sexuales con ellas. Al describir la secta de David Koresh, ver cómo funcionaba, y mostrar cuántas personas fueron embaucadas por su dirigente, ha sido una forma de crear conciencia en hombres y mujeres para que no sean víctimas de líderes inescrupulosos que lo que quieren es aprovecharse de otros para su propio beneficio. No quise abundar sobre si su doctrina era completamente una farsa, o si realmente Koresh sintió un llamado espiritual auténtico en algún momento de su vida.   

Uno de los aspectos de la novela que más llama la atención es que al final los lectores se cuestionan dónde radica la línea entre la realidad y la ficción. ¿Cómo se logra este efecto?

Lo primero es crear una plataforma histórica lo más fidedigna a los acontecimientos ocurridos. Luego buscar una fisura dentro del marco histórico por donde se pueda colar la trama inventada. Si logras diseñar una atmósfera conforme a la época en que se desarrolla, el texto comenzará a fortalecerse, mezclándose la realidad con la ficción y viceversa en los diferentes escenarios, haciéndose casi imperceptible la frontera entre ambas realidades.

El crítico de El Nuevo Día, José Borges, establece en una reseña que será difícil saber qué fue parte de la historia y qué es producto de la ficción del autor en No habrá primavera en abril.

¿Qué labor investigativa conllevó el proceso creativo de esta novela histórica?

Antes de iniciar la novela me quise dotar de libros, películas y documentales. Además, visité decenas de portales en la Internet que trataban sobre las dos tragedias y sus protagonistas. El primer inconveniente que tuve fue que los libros de referencia que compré eran en inglés, por lo que la lectura me resultaba más lenta. Otro percance fue que cuando necesitaba una información específica y colocaba en Google las palabras claves en español tenía que navegar por largo rato y muchas veces no encontraba lo que buscaba. Cambié la estrategia de búsqueda, o mejor dicho el idioma, y enseguida aparecía la información que necesitaba. La gran ironía: leía en inglés para escribir en español.

Descubrí que para redactar una novela histórica no era necesario saber todo lo referente a los acontecimientos ocurridos porque tenía el amparo de la ficción y la creatividad. La etapa investigativa fue imprescindible porque además de nutrirme de los hechos relevantes que quería destacar en la obra, me sirvió para crear mis diferentes escenas. Sabía que tenía un gran reto porque trabajaba con eventos que mucha gente conocía.

La obra fue tu trabajo de tesis para la maestría en Creación Literaria, ¿cómo evalúas la oportunidad de haber sido dirigido por el reconocido escritor puertorriqueño Luis López Nieves en este proyecto?

Desde mi primer encuentro en el salón de clases con el profesor López Nieves dictaminé  que él sería mi director de tesis. Si la experiencia en los diferentes talleres fue enriquecedora por los comentarios y las correcciones de profesores y compañeros, el contacto directo y exclusivo con el director de tesis me ayudó a aprender y a crecer más como escritor. López Nieves es sumamente estructurado y riguroso con las entregas y las evaluaciones. Esa disciplina que se estableció entre los envíos y las entregas suscitaba en mí un entusiasmo grandísimo cada vez que llegaban sus correcciones y comentarios tan acertados.

La tesis sirve para mostrar lo que se ha aprendido durante los años de estudios en la maestría. Además, es el último ejercicio académico guiado por un experto, en el cual aplicamos todas las herramientas y técnicas para que después podamos seguir solos en esta extraordinaria profesión de la escritura creativa. Si tuviera que comenzar nuevamente la tesis de la maestría en Creación Literaria, no dudaría en que Luis López Nieves volviera a ser el director de la misma. Gracias a sus sugerencias, correcciones y consejos pude aprobar la tesis con distinción en el 2010.

¿Por qué crees que es importante la producción de literatura histórica?

Porque es una forma de dar a conocer sucesos ocurridos en el pasado a un público lector que posiblemente no abordará el tema a través de un texto histórico. Me parece que la literatura histórica producirá cierta inquietud en el lector y lo motivará a incursionar en la historia para comprobar qué tan cierta es la obra que ha leído. Esto quiere decir que muchas veces se llega a la historia a través de la literatura. Otro punto importante que tiene la literatura histórica es que la misma, en ocasiones, ha servido de apoyo a investigadores e historiadores para conocer una época o sector determinado, donde  la historia no ha dejado huellas. 

¿Qué significó que No habrá primavera en abril se alzara con el segundo premio en la categoría de mejor novela de ficción histórica, en español, de los International Latino Book Awards 2015, el pasado 27 de junio en San Francisco, California?

Precisamente en abril recibí la noticia de que mi novela estaba entre las finalistas en la categoría «mejor novela de ficción histórica» en el International Latino Book Awards 2015. No podía creer que competía, nada más y nada menos, que con la española María Dueñas y el colombiano Gustavo Arango. Confieso que por un lado me sentí muy contento por estar entre los finalistas con dos escritores de renombre internacional, pero por el otro me creó ansiedad. Sin embargo, y para mi sorpresa, el 27 de junio durante el acto de premiación en San Francisco, recibí un mensaje a través de Facebook, de la escritora y amiga María Bird Picó, que decía: “¡Le ganaste a Dueñas!”. No habrá primavera en abril se posicionó en el segundo lugar. Temblé de emoción. Era increíble la experiencia que estaba viviendo.

Di gracias a todos aquellos que siempre han creído en esta obra (Emilio del Carril, Awilda Cáez, Ivonne Belén, Valentín Amaro, Rodolfo Báez, Ángela Valentín, Juan Martínez Luque, a mi esposa Milagros González y tú, entre otros). Aún sigo dando las gracias a los lectores y lectoras que  consideran a la novela No habrá primavera en abril como un texto entretenido y ricamente informado, pues mientras más se hurga sobre los sucesos históricos más real parece lo que se ha creído ficción.

¿En qué proyecto trabajas ahora como escritor?

Estoy trabajando en un proyecto que por los recursos técnicos presentes, considero que tendrá una particular importancia en su género. Ahora bien, por el momento no puedo abundar más.

Entrevista a María Zamparelli


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Por Dalia Stella González 

Tu  bachillerato es en Literatura Comparada por lo que has estado vinculada desde el inicio a las letras.  ¿Cuándo te sentiste escritora por primera vez?

Ser escritor es un proceso. Siempre pienso que puedo escribir mejor. Con cada nuevo proyecto quieres superar el anterior. Escribir, para mí, es eso; ser mejor escritora la próxima vez. Yo siento que la escritura es lo que deseo y, sobre todo, lo que necesito hacer. Eso lo supe cuando contaba con doce o trece años y comencé a escribir cuentos. Todavía los conservo. Los guardé en un cartapacio. En una de las caras de la carpeta delineé mi mano y, con el egocentrismo propio de la niñez, lo titulé La Gran escritora y poeta María Denise. Dentro de él guardé mis cuentos que siempre iban acompañados de la lámina que  lo había inspirado. A través del tiempo, de mudanzas y limpiezas a “fondo” nunca perdí ese documento en el cual desde entonces me definí. Luego, durante mis años escolares favorecí las clases de inglés y español. Como sobresalía las maestras me daban lecturas adicionales. Así leí El conde Monte Cristo en sexto grado. En escuela superior yo era quien leía las novelas, le contaba a mis amigas de qué se trataban y lo que hacían los personajes porque a ellas no les gustaba leer. Pertenecí a la revista de la escuela superior en la que publiqué poemas. También los conservo. Una vez entré a la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, seguí con esa tendencia a pesar de que me interesaban muchas otras cosas como las ciencias naturales y la arqueología. Si me hubiese entendido entonces como me entiendo ahora hubiese descubierto que mi curiosidad apuntaba definitivamente a la de un escritor. Una vez salí de Estudios Generales seguí en Humanidades y escogí la concentración en Literatura Comparada. Ahora que miro hacia atrás veo, que a pesar de las circunstancias, y los falsos caminos, siempre ese fue el norte de todo lo que hice y leí. En resumen, siempre sentí que era escritora y aún me pregunto cuándo lo seré.

Tu novela la Brevísima y verdadera historia del Almirante y su primer viaje se alzó con el premio de novela del PEN Club de Puerto Rico Internacional 2014. ¿Qué significa este premio para ti? ¿En qué pensaste cuando lo supiste?

Me alegra poder decir ahora cómo me sentí porque cuando lo anunciaron la noche de la premiación me quedé sin palabras. Pensé que tendría algún reconocimiento pero no imaginé que era el premio. Cuando anunciaron el laudo no pude reaccionar. Estaba sorprendida, orgullosa de mi novela, tan feliz que lo único que acerté a hacer fue dar las gracias. Como sabes esa novela fue mi tesis para la Maestría en Creación Literaria la cual defendí en el 2009. La novela se quedó guardada pues seguí pensando, leyendo, ajustándola y reescribiendo. Durante ese tiempo también tomé un taller de cómic ya que me interesa el género; la imagen y la palabra como siempre. Decidí que quería incluir imagen en mi novela de manera que emulara los libros iluminados de la época. Fondo y forma coincidirían. Le presenté el proyecto a varios artistas gráficos hasta que conocí a Marsi Caraballo. De ahí en adelante mi visión sobre la novela tomó el rumbo que yo deseaba.  El Premio de Novela 2014 del P.E.N. Club Internacional de Puerto Rico es un honor y una distinción de incalculable valor para mi.

¿De dónde surgió la idea de escribir esa novela histórica?

La idea para esta novela surgió de la necesidad de embarcarme y perderme en una aventura. Pertenezco al primer grupo que comenzó en la Maestría en Creación Literaria en agosto del 2004. Mi hijo tenía entonces dos años. Vivo en Vega Alta y viajaba dos veces por semana a Santurce para tomar clases y talleres de seis a nueve de la noche. Había mucho que leer y escribir constantemente. Fue un período fuerte y de mucho cansancio. Cuando tuve que presentar la propuesta para la tesis decidí que escribiría una novela sobre una mujer pirata en las Bahamas. El paisaje es hermoso, además, había leído, en uno de mis viajes allí, sobre las mujeres piratas que utilizaban esas islas como base. Me sumergí en la investigación sobre el siglo XV y XVI en nuestras islas y surgió la figura de Cristóbal Colón como un gran signo de interrogación. Una figura compuesta por lo que otros decían, por documentos que eran copias de copias de los suyos, un diario perdido que su hijo Hernando reconstruyó. Y ese fue el detonante; el hombre era novelable. De ese punto en adelante continué mi investigación y mis lecturas sobre la época y trabajé al personaje que yo intuí y descubrí en la entrelínea de la historia.

Como escritora, ¿cuáles son tus demonios a vencer?

Prefiero llamarlas furias en lugar de llamarlos demonios como los llama Vargas Llosa. Las furias, de acuerdo a la mitología romana, son unos genios femeninos que no se someten a Zeus porque existen antes que él. Me parece muy apropiado pues cuando nos sentamos a escribir ese genio está ahí, intentando intimidarnos hasta que le agarramos la cola y comenzamos, como escritores, a someterlos con nuestras palabras, a nuestra voluntad y puntos de vista. Con la escritura expresamos sentimientos o pensamientos y los hacemos visibles y manejables para nuestros lectores.

Algunas de mis furias son la injusticia, el machismo, la invisibilidad, el robo intelectual, los actos de ignorancia y sus repercusiones, la irresponsabilidad que tiene grandes costos para otros.

Cuéntanos algunas de tus manías como escritora en el proceso creativo.

Tengo la gran suerte de tener A room of my own como Virgina Wolf recomendaba. Allí solo entro yo y siempre que entro saludo mi espacio de trabajo. Al irme también me despido. Allí paso muchas horas pensando, leyendo y creando. Cuando entro y saludo pienso que establezco, por lo menos lo intento, una relación cordial con a las furias que me esperan.

Llevo un diario de cada día que escribo. Antes de comenzar leo algunas entradas para recordar que cada día trae sus dificultades y que en el pasado las he superado. A veces leo poemas antes de empezar. El vocabulario, los conceptos y las imágenes me relajan y estimulan.

¿Qué inicia o dispara en ti el proceso creativo?

El gatillo creativo se dispara en cualquier momento y por cualquier razón. Cualquier cosa lo provoca, incluso en los momentos menos esperados.

¿Cuáles han sido los escritores y las lecturas que han influido en tu oficio de escritora?

Como esto todo comenzó desde la niñez, recuerdo con claridad los cuentos que mi papá me leía de Mother Goose y la imagen fabulosa de muchos niños montados sobre un ganso que volaba. Recuerdo en especial el cuento del huevo/hombre que se cae de una verja y nadie lo puede recomponer. Enseñanza para la vida: hay cosas que después que se rompen no se pueden reparar. Luego, la historia de Rip Van Winkle de Washington Irvin me abrió la puerta maravillosa de la posibilidad de una realidad y un tiempo alterno. También de la niñez recuerdo la historia de unos gigantes que tenían poderes especiales; uno podía ver al otro lado del mundo, otro daba la vuelta al mundo en pocos pasos. Una compañera de sexto me prestó un libro de mitología romana del que me enamoré. Fue la primera vez que sentí el deseo de quedarme con un libro que no era mío. Todos los domingos leía las comiquitas de Prince Valiant. En escuela superior, durante el bachillerato y durante todos los años después leí clásicos y literatura contemporánea. Todos, de alguna manera u otra han aportado a mi desarrollo como escritor.

A pesar de admirar a muchos escritores pienso que con el paso del tiempo y la experiencia he desarrollado una voz que no pretendo que se parezca o emule a otros escritores. Pienso mucho en mi lector y deseo y trabajo para que cuando me lea sienta la misma satisfacción, o algo cercano, a lo que yo he experimentado al leer obras literarias que me han maravillado o sobrecogido.

Una de las cosas que más impacta en tu novela histórica es la minuciosa ambientación y caracterización, algo nada fácil por los hechos haber ocurrido hace más de 500 años. ¿Cómo lo lograste? ¿Qué recursos usaste?

Para lograr la ambientación leí mucho y todo lo que conseguí sobre la época. Sabía que la verosimilitud de lo que contaba dependía, además de personajes bien construidos, en el lugar y momento histórico. Era imperativo anclarlos con veracidad en su tiempo y entorno. Buscaba constantemente cómo decir las cosas, describirlas. Leí literatura de la época para escuchar el ritmo y las palabras utilizadas. Pero, no quise emularlo porque, como me señaló mi director de tesis, el Dr. Luis López Nieves, sonaría artificial. Utilicé algunas palabras y las fórmulas apropiadas del vocativo para la época. Investigué cómo la gente marcaba el tiempo, qué comían, cómo se vestían de acuerdo a su rango y sexo, cuáles las costumbres, el paisaje según la época del año. Viajé por la red para ver los lugares históricos.

¿Cómo fue el proceso de escribir y compilar los cuentos para tu más reciente libro,  “Aviario: Crónicas y Maravillas”?

El proceso fue uno muy distinto al de la novela. Primero, porque el enfoque en los cuentos es de corte fantástico, algo que apenas utilicé en la novela. En la novela hay un solo capítulo en donde insinúo la posibilidad de esa realidad alterna.

Para la producción de mi libro Aviario: Crónicas y Maravillas  tuve el privilegio de contar con el apoyo y dirección de la Dra. Ángela López Borrero quien editó y organizó los cuentos. Durante el proceso experimenté lo que imagino sucedía cuando la figura del editor era crucial en el desarrollo de los escritores. Pienso en específico en William Faulkner. Fue una experiencia única y me siento en extremo afortunada. Ángela es una profesora y escritora que te reta, que te saca de tu zona de comodidad en la escritura. Ese ejercicio es imprescindible si uno pretende crecer como escritor. Con el libro de cuentos presento, además, mis furias de una manera directa. Es quien soy.

Ambas publicaciones son gestadas por ti en el rol de autora/editora. ¿Cuál ha sido tu experiencia como editora independiente?

Ambos libros han salido bajo el sello de la editorial Snow Fountain Press con sede en Miami y están incluidos en su catálogo. Como vivo en Puerto Rico y mi lector es distinto he tenido la libertad de dirigir todos los detalles de la producción de los libros y contratar los artistas gráficos. Debo añadir que busco mujeres que sean artistas gráficos. Aviario: Crónicas y Maravillas fue diseñado y diagramado por Marina Rivón.

Preparar un manuscrito para publicación es un trabajo arduo y el proceso me ha enseñado aspectos importantes sobre la impresión, distribución y mercadeo (palabra que no me gusta cuando hablamos de literatura o arte) de los libros. He tomado la decisión, también, de favorecer los negocios de imprenta de Puerto Rico de manera que mi trabajo beneficie a aquellos que, como yo, trabajan y viven aquí. La lección más importante que he aprendido en el proceso de publicación es la de saber afinar mi propósito al escribir y tener claro para quién escribo y publico y porqué lo hago.

Sabemos que impartes talleres para ayudar a los escritores que quieren escribir novelas. ¿Cuál diría que es la lección más importante que impartes y la que rige tu propio proceso de escribir ficción?

Sí, hace ya cuatro años que diseñé dos talleres para escribir novela bajo el nombre de La ceiba de papel, mi página web. Como sabes, la Maestría se enfoca principalmente en el cuento. Mientras trabajaba en mi novela leí más de cincuenta libros sobre narrativa, en específico sobre la construcción de la novela. Fui tomando nota y un día, conversando con Ángela ella me sugirió que trabajara unos talleres. Y de ahí nació el primer taller titulado “Taller práctico de novela corta”. Sobre la marcha fui analizando las necesidades de los participantes y creé un segundo taller titulado “Taller práctico de escena para novela”. El resultado ha sido magnífico sobre todo porque los participantes salen del taller con un tipo de mapa, por llamarlo de alguna manera, de cómo trabajar el género. En mis talleres enseño lo que he comprobado que funciona en mi proceso creativo: estructura, organización y claro propósito. Es un ejercicio que repito con cada nueva idea y con cada novela. Tengo dos novelas en proceso en este momento y no pudiera manejarlas de otra manera.

Finalmente, ¿cuál ha sido la anécdota más divertida que has tenido como escritora?

Tengo una anécdota al estilo del Twilight Zone. Tiene que ver con un personaje de mi novela Brevísima y verdadera historia del Almirante y su primer viaje. Quizás es un poco en la línea de los cuentos de Edgar Allan Poe pero tengo evidencia porque escribí lo que sucedió para que al pasar del tiempo no pensar que lo había imaginado o soñado.

Una noche trabajaba con el personaje de Fátima, la hija de Cristóbal Colón. Intentaba escribir un capítulo donde ella aparece. Se me estaba haciendo imposible escucharla así que decidí tener un diálogo escrito con ella. En eso andaba cuando sonó el celular. Me llamaban de la entrada de la urbanización. A esas horas, nueve de la noche, día de semana, no esperaba a nadie. Contesté. El guardia de turno me dice:

—Buenas noches, la señora Fátima en la entrada.

—(Entiéndase que yo no respiraba y que tenía la boca abierta. Muda.)

—Buenas noches, ¿buenas noches…??? —insistió él.

—¿Sí? —salí de mi espanto.

—Fátima en la entrada.

Solo pude contestar.

—Déjela pasar.

Apagué la computadora y todas las luces. Entrecerré una ventana para ver, sin ser vista, si algún carro pasaba frente a mi casa. Nadie pasó.

Aun así, Fátima se ha convertido en un personaje que para mi deleite, ha sembrado la duda y el asombro de su existencia en mis lectores. Lo considero un gran logro. ¿Qué es una buena novela sino sus personajes?

Entrevista a Luis López Nieves

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  Foto: Gabriel Paizy

Por María Bird Picó

Como escritor,  Luis López Nieves no necesita introducción.  Su obra literaria es conocida con amplitud a nivel local e internacional con títulos como  Seva, La verdadera muerte de Juan Ponce de León,  El corazón de Voltaire y El silencio de Galileo. La novela El corazón de Voltaire, publicada en el 2005,  ha sido destacada por ser la primera redactada en su totalidad por medio de correos electrónicos. López Nieves ha recibido numerosos reconocimientos entre los cuales destaca el recibir en  dos ocasiones el Premio Nacional del Instituto de Literatura Puertorriqueña.

Para un grupo emergente de escritores en Puerto Rico, la contribución de López Nieves a nuestra literatura va más allá de sus libros por ser el creador y director de la primera maestría en Creación Literaria en América Latina. Desde el 2004, los aspirantes en nuestra isla caribeña a ser escritores  publicados tienen la opción de cursar la maestría en la Universidad del Sagrado Corazón.

Pero, ¿de dónde surgió la idea de crear esta maestría? Más importante aún, ¿es posible estudiar para convertirse en escritor? Con su característica disposición y franqueza, López Nieves accedió a responder nuestras interrogantes.

 ¿Cómo surgió la idea de crear la maestría en Creación Literaria?

Empezaré con un ejemplo que no es literario: en todas partes del mundo, al igual que en Puerto Rico, hay escuelas para formar músicos. Tanto así, que en Puerto Rico tenemos, a nivel preuniversitario, la famosa Escuela Libre de Música. En nuestra isla también existen escuelas de canto, baile, cine, pintura, artes gráficas, etcétera.  Pero en el 2004 todavía no había un lugar para aprender a ser escritor. En muchas universidades existen departamentos de literatura, pero estos no forman escritores. En los departamentos tradicionales de literatura se aprende a ser crítico literario, historiador de la literatura, teórico, profesor, maestro, etc. Todas estas destrezas son necesarias y admirables, por supuesto, pero ¿por qué los departamentos tradicionales de literatura no forman escritores? Como soy escritor, concluí que hacía falta un lugar en Puerto Rico para aprender a ser escritor. Por eso creé la maestría en Creación Literaria.

¿Cuál diría que fue el detonante para convertir la idea en realidad?

Entre los artistas siempre ha existido la tradición del mentor y el estudiante. Los escritores noveles  se acercan a los de mayor experiencia para pedirles críticas, consejos, etc. Esto se hace muchas veces a nivel personal o de manera informal. René Marqués, Pedro Juan Soto y José Luis González fueron mentores míos. La maestría en Creación Literaria es una manera de continuar esta tradición, pero a nivel institucional, más formal. Ya no se trata solo de recibir la opinión y los consejos de un solo escritor amigo, sino de una serie de escritores y profesores.

Por tanto, diría que el detonante principal fue notar la inmensa cantidad de puertorriqueños que buscaban formarse como escritores pero no sabían dónde ni cómo hacerlo. Muchos de estos, tarde o temprano, pueden convertirse en escritores sin ayuda. Pero por cuenta propia les tarda diez o quince años aprender lo que en la maestría les enseñamos de manera concentrada en dos años. Esa es la ventaja de la maestría.

¿Cuál fue el mayor obstáculo?

Realmente no hubo obstáculos, sino apoyo, especialmente del presidente de la Universidad del Sagrado Corazón en aquel momento, el Dr. José Jaime Rivera, y por suerte seguimos contando con un fuerte apoyo de parte del nuevo presidente, el Lcdo. Giberto Marxuach Torrós.

El año pasado se celebró el décimo aniversario de la maestría y se hizo evidente la gran producción literaria que esta ha generado. ¿Se imaginó que ese sería el resultado cuando la concibió? ¿Cuáles eran sus expectativas en aquel entonces?

La verdad es que en ningún momento pensé que la maestría tendría el efecto que ha tenido. Imaginé a una serie de escritores escribiendo y aprendiendo lentamente, casi en secreto, como monjes en un convento. Quizás algún día, en el futuro lejano, se verían los resultados. Pero en solo diez años los efectos han sido abrumadores. Los estudiantes de la maestría han publicado sobre 90 libros. Han ganado una cantidad significativa de reconocimientos y premios, tanto en Puerto Rico como en el extranjero. Para darte un ejemplo, hace pocos meses María Zamparelli ganó el primer premio de Novela del PEN Internacional con su novela “Brevísima y verdadera historia del almirante y su primer viaje”, que fue su tesis de maestría. Yolanda López López ganó la mención honorífica del mismo premio con su novela “La caída de Alejandro Curtos”, que también fue su tesis de maestría. Menciono estos ejemplos recientes, pero hay muchos más. Este destacado premio de novela, del PEN Internacional, también lo han ganado con sus novelas José Borges (“Esa antigua tristeza”) y Maira Landa (“Concierto para Leah”). Estos son ganadores que me vienen a la mente de pronto, pero sé que hay varios más. Y también en las demás categorías del premio del PEN, especialmente en cuento y literatura infantil.

Y ahora, hace solo unas semanas, Dalia Stella González, Hugo Rodríguez Díaz, Luis Alejandro Polanco y tú, María Bird Picó, arrasaron en los International Latino Book Awards en Estados Unidos. Como si fuera poco, unos días después Yolanda Arroyo Pizarro, Joel Feliciano y tú, nuevamente, arrasaron con los premios del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Últimamente tengo la sensación de que cada vez que abro mi correo electrónico los estudiantes y egresados de la maestría se están ganando un premio nuevo. Lo confieso: jamás sospeché que la maestría lograría tanto en tan poco tiempo.

Una de mis grandes sorpresas como estudiante de la maestría ha sido la gran diversidad de personas que la cursan. He conocido tanto estudiantes recién graduados de la universidad como personas ya retiradas, y los trasfondos educativos y profesionales son muy diversos. ¿A qué le atribuye esta diversidad?

Nuestra maestría se creó para personas que quieren ser escritores. Punto. Y los escritores están en todos los sectores de nuestra sociedad. El arte realmente no conoce fronteras. Por eso tenemos desde estudiantes que se acaban de graduar de bachillerato, hasta personas recién jubiladas que han optado por usar el tiempo libre para al fin llevar a cabo el sueño de escribir un libro. Para estudiar nuestra maestría no hay que tener un bachillerato en literatura; como en el caso de las escuelas de derecho, recibimos a personas con todo tipo de preparación. Por eso, entre nuestros estudiantes tenemos y hemos tenido tasadores de propiedades, tecnólogos médicos, empresarios, arquitectos, médicos, abogados, maestros y hasta profesores universitarios con doctorados en otras materias.

¿Qué papel ha jugado esa multiplicidad en trasfondos académicos y profesionales en la producción literaria contemporánea?

La maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón ha sacado a la literatura puertorriqueña del gueto universitario. Antes de que llegáramos en el 2004, la inmensa mayoría de los escritores reconocidos de Puerto Rico eran profesores universitarios de literatura. Piensa por ejemplo en Juan Antonio Ramos, Magali García Ramis, Edgardo Rodríguez Juliá, Ana Lydia Vega, Carmen Lugo Filippi, Luis Rafael Sánchez, Eduardo Lalo y muchos otros. Todos estos son o fueron profesores. Sin embargo, desde el 2004, gracias a la maestría, ha surgido en Puerto Rico un escritor profesional más en la línea de los autores de Europa y Estados Unidos que no están afiliados a ninguna institución académica, sino que viven en lo que podríamos llamar el “mundo real”. Esto es muy bueno para la literatura.

A la luz de la década que lleva dirigiendo esta maestría, ¿cuál cree es su mayor acierto?

La maestría en Creación Literaria se ha convertido en más que un grado académico. Sin proponérmelo, porque realmente no lo anticipé, se ha transformado en el núcleo de una comunidad de escritores a nivel de todo Puerto Rico. Los egresados y estudiantes han fundado la Cofradía de Escritores de Puerto Rico, presidida actualmente por Sandra Santana Segarra, y desde esta asociación han creado una presencia fuerte en todas las actividades literarias de envergadura en nuestro país. Desde esta Cofradía los egresados se siguen apoyando entre sí, porque la verdad es que tenemos egresados por toda la isla. Hemos tenido y tenemos estudiantes que vienen semanalmente desde Cabo Rojo, Hormigueros, Aguadilla, Ponce, Jayuya, Fajardo y muchos otros pueblos.

Normalmente los estudios graduados son una actividad solitaria y hasta competitiva. La gente estudia una maestría normal, le da las gracias a la universidad y se despide. Eso es todo. En el caso nuestro, Sagrado sigue siendo la sede de una cantidad cada día mayor de actividades y de escritores que están dejando sus marcas en nuestra literatura nacional y latinoamericana. Ese quizás es el mejor acierto: además de crear buenos escritores, hemos creado una genuina comunidad literaria.

Hay quienes piensan que uno tiene que nacer escritor. Dada su experiencia como profesor de escritura creativa, ¿cuál es su teoría?

Esa es una visión antigua y desprestigiada sobre el arte. La sostienen aquellos escritores que padecen delirios de grandeza. Sienten que han sido escogidos por los dioses y que el día en que nacieron, allí mismo en la sala de partos, se convirtieron en grandes escritores porque un dios o un ángel bajó del cielo y los besó en la frente. Es un concepto ridículo y cursi. Todo artista tiene que pasar por un proceso de aprendizaje. A algunas personas se les hará más fácil o difícil ese proceso. Algunos idiotas, por ejemplo, me preguntan si puedo garantizar que todos nuestros egresados van a ser grandes escritores. ¿Las escuelas de derecho garantizan que todos sus egresados serán jueces del tribunal supremo? ¿Las escuelas de actuación garantizan que todos sus egresados ganarán un Oscar? Cada estudiante controla su destino. Nosotros les proveemos las herramientas para ser escritores. Luego la autodisciplina, el talento y la capacidad de trabajo determinarán el resto.

Usted es uno de los profesores de la maestría que tiene la oportunidad de recibir al estudiante cuando comienza a escribir en el taller introductorio de cuentos y luego en el taller avanzado.  ¿Se le hace notable la transformación en la escritura de los estudiantes?  Si es así, ¿algo en particular que lo haga sentir orgulloso del proceso?

A los estudiantes nuevos les doy el primer taller de cuento. Luego, cuando han pasado casi dos años, les doy el último. La diferencia es dramática. De hecho, ese primer día de clases, del último taller, se ha convertido en mi día favorito de todo el año académico. Antes de que comience la clase, según van llegando al salón y empezamos a conversar, ya noto la transformación. Es como darle la primera lección de natación a una persona. Cerrar los ojos. Y al abrirlos nuevamente verlo saltar del trampolín y dar un doble salto con plena confianza en sí mismo.

¿En qué momento en los pasados diez años se dio cuenta de que la maestría se ha convertido en una herramienta clave para fomentar el surgimiento de nuevos escritores?

El 14 de mayo de 2007. Ese día el primer estudiante de la maestría, Emilio del Carril, defendió su tesis, una fascinante novela titulada “Cantiga de los nombres perdidos”.  Mientras él hablaba frente a su numeroso público, sospeché que había comenzado una nueva era en la literatura puertorriqueña. Además de ser el primero, Emilio es un excelente ejemplo de cómo Creación Literaria ha transformado vidas. Se ha convertido en un escritor de primera clase, es un líder natural de la comunidad literaria, es editor, ha fundado dos editoriales, terminó un doctorado en literatura y ahora es profesor de la maestría. Y se acaba de graduar hace tan solo ocho años. En el futuro le esperan muchos logros más.

¿Se le hace fácil quitarse el sombrero de escritor reconocido a la hora de entrar a un salón de clases como profesor para enseñarles a otros el oficio? 

Es el mismo sombrero. Quien da la clase es un escritor, no un profesor. Esa es la gran diferencia de la maestría en Creación Literaria con todas las demás maestrías literarias. Esta es la maestría de los escritores, donde se viene a formar escritores. Aunque tengo un doctorado en literatura tradicional, lo que realmente me cualifica para ser profesor de Creación Literaria no es únicamente el doctorado, sino los dos premios nacionales de literatura que he ganado, el reconocimiento que han recibido mis libros y los 35 años que llevo dirigiendo talleres literarios.

A la luz de sus más de tres décadas dando talleres de creación literaria, ¿qué consejo le daría a los que aspiran a ser autores publicados?

Leer mucho, muchísimo, todos los días. Y luego escribir bien. Ese realmente es el consejo principal. Por más mercadeo, autopromoción o piruetas que se invente un escritor, a fin de cuentas un libro perdura y es apreciado solo por una razón: si es bueno. Y para escribir un buen libro básicamente hay que hacer tres cosas: leer, escribir y observar. Aquellos que han estudiado nuestra maestría, saben lo que tienen que hacer. Los que no la han estudiado, pues no sé qué esperan. Aquí los estamos esperando.

¿Cuál ha sido la mayor lección que ha aprendido de sus estudiantes y que piensa que lo hacen un mejor escritor?

Aprendo bastante de los errores de los estudiantes. Algunos son excelentes escritores, tienen talento, pero son estudiantes y cometen errores. Cuando capto un error, normalmente debo ofrecer una opción. Trato de no decir simplemente “está mal”, sino de recomendar maneras de corregir el error. Hay errores simples, por supuesto, pero otros son muy avanzados, más complejos, y me dejan pensando mucho tiempo. Ofrezco sugerencias, pero de todos modos me quedo pensando en el asunto. Lo guardo en algún lugar de mi memoria. Y cuando estoy escribiendo mis cosas, hay veces en que de pronto me digo no, espera, esto fue lo que hizo Fulano de Tal en su tesis cuando intentó crear suspenso, pero no quedó bien. No es una buena solución. Debo hacerlo de otra manera.

Por último, ¿cuál fue el mejor consejo que le dieron a usted al comenzar a escribir ficción y que todavía pone en práctica?

Evitar a toda costa los caminos trillados. Huirle al cliché. Aterrarse ante las frases hechas. Siempre tratar de contar las cosas de una manera diferente. Pregúntate: ¿esto ya lo ha dicho alguien de la misma manera? Si la respuesta es sí, entonces ¿para qué escribirlo?

FIN

*El Dr. Luis López Nieves es fundador de Ciudad Seva, portal literario que recibe sobre 2 millones de visitantes al mes desde el mundo entero. Es escritor residente de la Universidad del Sagrado Corazón, el tercer escritor residente en la historia de Puerto Rico. El primero fue Juan Ramón Jiménez y el segundo Francisco Matos Paoli, ambos en la Universidad de Puerto Rico.

 

Entrevista a Yolanda López López

Yolanda López López

 

Reumatóloga de profesión. Recibió la Medalla Pórtico que otorga la Universidad del Sagrado Corazón. En el 2013 publicó su primera novela La caída de Alejandro Curtos. Sus cuentos han sido publicados en la revista Trapecio. Es miembro del colectivo literario Amalgama G7, de la junta editora de la revista Trapecio y moderadora del Taller de Cuento Básico en Ciudad Seva. Ha ofrecido talleres de Creación Literaria. Fue presidenta de la Cofradía de Escritores de Puerto Rico (2011-2012) y vicepresidenta del PEN Club de Puerto Rico (2013)

 

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Dalia Stella: Con un grado de médico y subespecialidad en reumatología, heredas la tradición de Zeno Gandía quien se abrió paso en la literatura y utilizó su trasfondo para retratar a “un mundo enfermo”. ¿Desde qué ángulo escribes y para quiénes escribes?

Yolanda López López: Cuando comencé a escribir no tuve en consideración esos elementos. Escribo para el que me quiera leer. Me han leído desde jóvenes hasta ancianos, profesionales y no profesionales. Lo que sí busco hacer es llevar ante el lector personajes olvidados. Por ejemplo en mi novela, tengo un propagandista médico.

Dalia Stella: ¿Cuándo te asumiste como escritora?

Yolanda López López: Cuando tenía 9 años y escribí mi primer poema.

Dalia Stella: Tu novela la La caída de Alejandro Curtos obtuvo mención de honor en el Certamen del PEN Club de Puerto Rico Internacional 2014 de entre muchas buenas novelas que compitieron. ¿Qué significa este premio para ti? ¿En qué pensaste cuando lo supiste? Cuéntanos.

Yolanda López López: Para mí ha sido un honor grandísimo. Me consta que los jurados de PEN se escogen de la población de académicos y de escritores y que no son intervenidos por la directiva. Ellos deciden entre ellos. Yo sometí mi novela como un compromiso moral. A pesar de que me consta que es un texto excelente, la competencia era dura y yo, la verdad, no pensaba que podría ganar. Como he trabajado en la organización de este tipo de evento, yo iba a asistir siempre. Muratti envió un mensaje que yo interpreté como una invitación más. En ningún sitio decía que había ganado algo. Bueno la cuestión es que esa noche llego allí. Cuando van a dar los premios de novela mencionan a Zamparelli como la ganadora y yo la aplaudo porque yo sabía que ella iba a estar entre los ganadores. Luego mencionan a Rua y yo presumo en ese momento que el otro premio le pertenecía a Ángela López. Entonces se acerca al micrófono Beatriz Navia y el corazón me giró en el pecho porque recordé que unos días antes me había dejado un mensaje en Facebook en el que me decía que había vuelto a leer mi novela y le parecía que tenía mucha humanidad. En aquel momento yo pensé que era uno de esos comentarios que te hacen cuando te han leído. Los miembros del jurado no se dan a conocer antes de la noche de la premiación y yo no sabía que ella era jurado. Los que me conocen saben que soy llorona. Así que se me escaparon las lagrimitas. Pero si bien salieron así de rápido las limpié.

Lo único que lamento es que me puse tan nerviosa que repetí como veinte veces, que me sentía muy honrada, y no pude decir más. Me hubiera gustado agradecer a tantos seres que me ayudaron: López Nieves, Elidio la Torre y Emilio del Carril que fueron mis primeros editores; a Terranova que aceptó mi oferta de publicar con ellos; a mi esposo que es mi súper editor y compañero en todos mis inventos; a mis hijos, Tommy, Manolo, Vanessa y Ariana que me empujan con sus sonrisas y su apoyo.

Dalia Stella: Como escritora, ¿cuáles son tus demonios a vencer?

Yolanda López López: Mi demonio más terrible es que soy un poco obsesivo compulsiva y si me pongo a buscar un dato sigo buscando rabos hasta ver desde el micro al macro aunque lo que vaya a utilizar sea una milésima parte. Eso toma mucho tiempo.

Dalia Stella: Cuéntanos algunas de tus manías como escritora en el proceso creativo.

Yolanda López López: Antes de escribir tengo que tener la historia en mi mente. Y no puedo escribir en silencio absoluto. A veces, prendo el televisor para que me acompañe. Otras, pongo música en la computadora.

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Dalia Stella: ¿Qué inicia o dispara en ti el proceso creativo? ¿Una imagen, un personaje, una melodía?

Yolanda López López: Cualquiera de ellas. He escrito cuentos al ver una imagen. Otras historias han nacido de algo que contara un paciente o del paciente mismo.

Dalia Stella: ¿Cuáles han sido los escritores puertorriqueños y extranjeros que han influido en tu oficio de escritora?

Yolanda López López: De Puerto Rico, López Nieves fue el escritor que más me atrapó. Yo no era amante de leer cuentos. Un día me encontraba en Thekes, la librería que había en Plaza las Américas. Ellos tenían una sección que era de libros puertorriqueños. Vi un título que me llamó la atención, Escribir para Rafa, y lo compré. Cuando leí el cuento  “El señor de los platillos”, me convertí en una fan de Luis. De los extranjeros, a pesar de que vengo de la época en que García Marquez y Vargas Llosa eran lecturas obligadas, y yo los leía con admiración, el que más me impresiona es José Donoso. Donoso me obliga a humanizar mi personaje, a dejarle ver a mi lector que esa historia que escribo tiene una pizca de algún ser que vive y respira. Otros que he leído y soy capaz de releer son Kundera y Steinbeck.

Dalia Stella: ¿Qué es lo más que te cuesta al escribir (trabajo, tiempo, dolor)? ¿Por qué?

Yolanda López López: Lo más difícil es sacar el tiempo. Tengo una práctica privada de muchos años y a pesar de que la he cerrado un poco, aún no tengo todo el tiempo que yo quiero.

Dalia Stella: ¿Cómo te preparas para la construcción de una novela? ¿Cuál es tu proceso creativo?

Yolanda López López: Mi primera novela tiene varios aspectos históricos y la que estoy escribiendo también. Una vez tengo mi tema, procedo a investigar. Hago un esquema de las fechas y le otorgo a mis personajes fechas de nacimiento. Cuando tengo toda la data me siento  a decidir cómo la voy a contar. A partir de ahí escribo.  Puede que luego revise lo escrito y seleccione notas que tenga mover a otros lugres.

Dalia Stella: ¿Qué planes circundan tu pluma para los próximos meses?

Yolanda López López: Tengo varios proyectos. Estoy escribiendo mi próxima novela. Me gustaría organizar mis cuentos y mis poemas para publicarlos y estoy en un proyecto con Amalgama. Este es un grupo compuesto por Mara Daisy Cruz, Awilda Cáez, Milagros Gonzáles, Luis Alejandro Polanco y yo. A lo que más tiempo le estoy entregando es a la novela.

Dalia Stella: En estos tiempos parece fácil publicar. ¿Cuál ha sido tu experiencia? ¿Cómo analizas el mundo editorial en Puerto Rico?

Yolanda López López: No es fácil publicar. La inversión económica del escritor es grande y la ganancia se mide en el logro, en la satisfacción de haber completado un sueño. Todos sabemos que el mundo editorial está en crisis. No es cuestión de imprimir el libro, eso lo podría hacer cualquiera. Unos más barato que otros. El asunto está verdaderamente en el mercadeo y la distribución del libro. Ese aspecto no lo abordan las editoriales efectivamente, básicamente por falta de recursos. Por otro lado, este es un mundo fragmentado en el que existen bloques aislados e incomunicados: el escritor-la editorial-el distribuidor-la librería. Se ha mantenido así y ha carecido de un enlace efectivo que cruce el océano y lleve esta producción literaria a los millones de hispanos que habitan fuera del archipiélago de Puerto Rico. Los escritores, como somos felices con ver nuestro libro publicado, nos hemos conformado con verlo en los estantes de 2 o 3 librerías.  Escritores independientes, como Arleen Caraballo y María Bird, han demostrado que si se mercadea bien, se vende. Me parece que ellas le sirven de lección a las editoriales, y al mundo de las librerías que creen que con un toque de café o de vino venderán más libros. Hay que llevar la montaña a Mahoma.

Dalia Stella: El sueño de todo escritor es escribir sin tener que trabajar en otra cosa. ¿Puedes decir que te dedicas a escribir a tiempo completo?

Yolanda López López: No. Pero cuando me pegue, por lo menos en la Lotto, podré. ¡Ja!

Dalia Stella: Finalmente, ¿cuál ha sido la anécdota más divertida que has tenido como escritor?

Yolanda López López: Una tarde, en el 2013, estaba cubriendo la mesa de PEN en el Festival de la Palabra. Se me acerca un grupo de estudiantes y me preguntan que si había algún escritor. Yo les digo que en ese momento no había ninguno. Los jovencitos me miraron extrañados y una de las niñas me pregunta, y usted qué hace. Entonces me di cuenta de lo que acaba de decir. ¡Ja!

Esperanza al escribir

3 de febrero de 2015

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Entrevista a la escritora Nancy Debs [Premio Saldaña, Carvajal & Vélez-Rivé en el Certamen de Cuento Histórico de la Cofradía de Escritores 2014]10818324_10152446201401767_2994049416640259549_o

 Por Dalia Stella González

Su escritura no evade la cercanía del ser, aunque viva en medio de términos tan áridos como plusvalía, tasa de capitalización y discriminación hipotecaria. Posee una prosa precisa, que sin necesidad de ribetes es capaz de trasladar al lector a vivir el texto y conmoverse. Una de las voces más auténticas que irrumpe en las letras puertorriqueñas.

Sus poemas han aparecido en diversas antologías, la más reciente de ellas Fronteras de lo imposible, de Casa de los Poetas, de quien recibió el segundo premio compartido en el 3er Certamen de Poesía 2014. Dos de sus cuentos fueron publicados en las revistas literarias, Inopia y Trapecio. Recibió una mención por “El proveedor” en el Primer Certamen Minicuento de la Cofradía de Escritores de Puerto Rico, categoría estudiante. El nombre suyo trae aires de lejanía, pero su pluma y alma son solidarios y ciertos. Atravesamos el umbral de las palabras para conversar con la escritora premiada y amiga, Nancy Debs.Nancy Debs Ramos

Dalia Stella: Tu bachiller es en ciencias y trabajas por cuenta propia en el campo de los bienes raíces. ¿Cómo llegas a la literatura?

 Nancy Debs: Creo que me equivoqué de Facultad. Varias de mis electivas en la universidad fueron en literatura, apreciación del cine y apreciación de la música. Escribía poemas, pero después de casarme y tener hijos me concentré en las responsabilidades. Eso sí… nunca dejé de leer, aunque leía de todo, no solo literatura. En el 2010 participé de un taller de escritura confesional con Mairym Cruz-Bernal y en el 2011 tomé talleres de cuento con Emilio del Carril que me motivaron a comenzar la maestría en Creación Literaria.

 Dalia Stella: Escribes en varios géneros como lo han sido la poesía, el microrelato, el cuento y escribes una novela como requisito de tesis para la maestría de Creación Literaria. ¿En qué género te sientes más cómoda? ¿Cómo manejas tu escritura entre uno y otro género?

 Nancy Debs: Me siento más cómoda en el cuento, quizás porque es el género que más se trabaja en la maestría. La poesía me gusta mucho, pero la escribo por inspiración y usualmente termino un poema en uno o dos días y luego reviso. Con la narrativa sabes que hay que trabajar el texto muchas veces y dejarlo descansar. En cuanto a la novela, la concibo como un ente distinto al cuento; un animal diferente. Leo sobre teoría de la novela y la narrativa para escribir la tesis. También ahora tomo una clase de guion. Hay afortunados que no necesitan de la teoría para escribir; yo la necesito.

 Dalia Stella: ¿En cuál de ambos géneros te sientes más plena y cuáles son, como escritor, los demonios a vencer en cada uno?

 Nancy Debs: Si te refieres entre la novela y el cuento, el segundo me parece más acorde con mi temperamento. Soy impaciente y un cuento se escribe en menos tiempo. Cuando voy a comenzarlo usualmente sé el principio y el final. Eso me proporciona una estructura.1932261_10152399223661863_1798120612830465269_n

Los demonios que tengo que vencer son los mismos para todos los géneros: encontrar la disciplina y el tiempo para sentarme a escribir. Mi madre solía decir que si pasaba una mosca volando, me distraía. Eso no ha cambiado mucho.

Dalia Stella: ¿Necesitas silencio y soledad para escribir? Cuéntanos algunas de tus manías como escritor.

 Nancy Debs: Por lo general necesito silencio para escribir, aunque en una ocasión terminé el primer borrador de un cuento en una oficina médica. En cuanto a las manías, me gusta tener cerca una libreta de notas en las que apunto las ideas que llegan sin avisar. Puede ser un título, un personaje, un tema o una frase. A veces sucede que es la historia completa la que llega y entonces plasmo en el papel una sinopsis o el esqueleto del cuento. Tiendo a comenzar con ese esqueleto y a partir de ahí elaboro y extiendo. Después podo. También tengo la manía de leer varios libros a la vez. Ahora mismo tengo como diez empezados. Creo que se debe a la mosca que mencionaba mi madre.

Dalia Stella: ¿Qué inicia o dispara en ti el proceso creativo? ¿Una imagen, un personaje, una melodía?

Nancy Debs: Casi siempre es una imagen o un personaje, y es curioso, porque me considero una persona auditiva.

Dalia Stella: ¿De qué elementos debe estar hecho un escritor?1378260_10154654066925596_4581741286579502421_n

 Nancy Debs: Pienso que un escritor debe leer mucho, soñar y volar sin tener alas. Idealmente debería ser disciplinado y organizado, pero a la misma vez poseer la capacidad de producir en el caos. Exponerse a la crítica y aceptarla es otro elemento importante. Además, la artesanía, en el sentido amplio de la palabra, debería ser requisito de todo escritor. A eso aspiro, aunque es una búsqueda continua.

 Dalia Stella: ¿A qué le teme la escritora Nancy Debs?

 Nancy Debs: Le temo a repetirme. A escribir lo mismo una y otra vez.

Dalia Stella: ¿Cuáles han sido los escritores puertorriqueños y extranjeros que han influido en tu oficio de escritora?

Nancy Debs: Cuando niña leía a Jules Verne, Conan Doyle… De adolescente fueron Poe, Bécquer, Martí, Palés Matos. Luego llegó el gran Cortázar, Chejov, Kafka, Camus, Kundera, Murakami, Julia. Más recientes Raymond Carver, Janette Becerra, Mayda Colón y Karen Sevilla, por mencionar algunos. Tanto Janette como Mayda y Karen, son artesanas de palabras. Janette puede tomar algo pequeñito y convertirlo en un mundo inmenso, como en “Afición por los terrarios”. Las tres se toman tiempo para publicar y son muy detallistas.

 Dalia Stella: Tu microcuento “El proveedor” y el cuento “Los invisibles” tienen como marco de acción la guerra. ¿Es la guerra un tema que te obsesiona? ¿Cuáles son los temas que te cautivan?

 Nancy Debs: Fíjate, la guerra en sí no es la obsesión, sino la muerte. Por alguna extraña razón que no adivino, aparece a través de mis historias. De hecho, el primer libro de cuentos que trabajo tendrá como hilo conductor el tema de la muerte. Otros temas que me atraen son la otredad, la autocrítica y lo social.

Dalia Stella: Cuéntanos tu experiencia al escribir Los invisibles. ¿Cómo surgió la idea? ¿Qué peculiaridades circundan a este cuento y su autora?

Nancy Debs: Inicialmente descarté participar en el certamen por falta de tiempo y de un tema que me apasionara. Cuatro semanas antes de la fecha de entrega, escuché por primera vez en la radio del auto, sobre los triángulos rosados y los prisioneros homosexuales en la Alemania nazi. Sin saber el porqué, el tema me impactó mucho y adquirí un libro digital escrito por un judío gay que recopiló los testimonios de varias víctimas. No tenía tiempo para mandar a buscar un relato autobiográfico, titulado Los hombres del triángulo rosa, porque solo lo había en papel. Ese estaba escrito por Heinz Heger, un homosexual sobreviviente de los campos de concentración. Me leí el libro digital e investigué. Así supe que la mayoría de las víctimas homosexuales permanecían en el anonimato. Se les conocía solo por el primer nombre y la inicial del apellido. De ese dato surgió la idea de utilizar para el certamen el seudónimo de Josef K., nombre del protagonista de El proceso. Creo que las víctimas del holocausto también sufrieron una persecución que nunca comprendieron, igual que el personaje de Kafka.

Revisaba otras fuentes históricas después de enviar el cuento, cuando me percaté de que Heinz Heger era el seudónimo que utilizó Josef Kohout (Josef K.) para escribir Los hombres del triángulo rosa. No solo eso, sino que Kohout estaba en el campo de concentración de Flossenburg, el que utilicé como escenario en el cuento, cuando los aliados llegaron allí. ¿Coincidencia?, no lo sé, pero quiero visitar el museo del holocausto en Washington DC, donde se encuentran los documentos que se pudieron recuperar de Josef Kohout y que incluyen su triángulo rosa.

 Dalia Stella: ¿Cómo armonizas tu vida como corredora de bienes raíces y tu oficio de escritora?

 Nancy Debs: Me adapto a los clientes y ellos son la prioridad, pero disfruto las ventajas de un horario flexible. Trato de leer o escribir todos los días, aunque a veces es difícil.

 Dalia Stella: Finalmente, ¿cuál ha sido la anécdota más divertida que has tenido como escritor?

 1410770_10151742169866610_1123817436_oNancy Debs: Creo que la diversión la encuentro cada vez que escribo. Practicar lo que me apasiona, aunque haya tardado tanto en descubrirlo, es en sí un ejercicio lúdico. Disfruto el acto de crear personajes, situaciones, otras vidas… Me da esperanza escribir.

 

 

 

Entrevista a María Bird Picó

por Antonio de Jesús Martell

1.     Has compartido en otrfotooficialmariabirdpicoas entrevistas que la chilena María Luisa Bombal con su novela La amortajada fue una de las lecturas primeras que tuvieron en ti el resultado de volcarte hacia la literatura. ¿Qué particularidades de la novela, sensaciones de la lectura, memorias de entonces, permanecen contigo?

Leí La amortajada por primera vez en la escuela superior. Me voló la cabeza por la originalidad de una narración en primera persona de una difunta que narra mientras es velada. Ahí se entera de algo que siempre quiso  saber cuando vivía, y por eso repite en el transcurso de la narración algo así como ¿hay que morir para saber? Comencé a volver a todos a mi alrededor locos con mi incesante pregunta: ¿Hay que morir para saber? Tras leerla me propuse no esperar jamás hasta la muerte para enterarme de asuntos importantes o lo que me intriga. Creo que es una de las razones primordiales por las cuales soy periodista, esa curiosidad insaciable unida a la firme creencia  en la misión de investigar e informar a fondo para que los que lean mis reportajes tomen decisiones, formulen una opinión o reaccionen.

Como escritora quizás el libro que más me impactó fue Mujercitas de Louisa May Alcott.  Al leerlo a mis 8 o 9 años sentí cercana a una de las protagonistas, Jo Marsh, la hermana irreverente que se convirtió en escritora y que era muy diferente a sus hermanas. Esa lectura atizó mi deseo de escribir. Mi mayor tesoro material es la primera edición de ese libro que perteneció a mi querida madre,  y que me regaló años antes de morir.

Por supuesto, no puedo dejar de mencionar al inigualable Julio Cortázar a quien conocí primero por las lecturas obligadas, pero que seguí leyendo por puro placer a través de los años. Hay un cuento de él poco conocido, Las ménades, que leí hace varias décadas y me impactó por la detallada ambientación de la sala de conciertos donde ocurre la historia, y el uso de la exageración con leve toque humorístico para, de forma indirecta, transmitir una crítica social. Dos otros cuentos de Cortázar son también mis favoritos, La autopista del sur y el magistral La noche boca arriba. Son cuentos con imágenes poderosas que hacen que perduren en nuestro subconsciente.

2.     La crítica general destaca de tu libro, Tras esas gafas de sol, un humor atrayente. ¿Cuán importante te resulta la noción de la comicidad a la hora de iniciar tu trabajo creativo? tras El humor es algo intrínseco en mí, como podrás haberte dado cuenta desde que nos conocimos. Cuando estudiaba en la escuela superior pensé dedicarme a escribir para la televisión, pero eso no era realmente una carrera en aquel entonces y estudié periodismo. No me arrepiento;, es una carrera maravillosa, no solo por el rol importante que tiene en una sociedad, sino por la satisfacción personal de aprender y reportar sobre múltiples temas. Al escribir cuentos el humor no ha sido algo que haya forzado, sino que ha surgido sin mucho esfuerzo. Soy de la escuela que piensa que al escribir manifestamos quiénes somos y al parecer no he sido la excepción. En los  cuentos con humor, esto ha sido un gran acierto ya que los lectores me han dicho que primero reaccionan con una sonrisa para luego decir “eso es muy cierto” o “me siento igual que ese personaje”. La crítica social, algo muy importante para mí, es soslayada, entretejida en los personajes y sus acciones. Un ejemplo es el famoso cuento de la morcilla que ha impactado al reconocemos en los personajes sentados alrededor de la mesa que ignoran a una pobre morcilla. Para mí lo importante ha sido que se haya entendido mi propuesta de que no porque haya humor esos cuentos sean menos impactantes que mis cuentos serios. Un ejemplo clave para mí es la universalidad y profundidad del mensaje de Mafalda y el programa mexicano El chavo del ocho a pesar del humor y el paso de los años. Por cierto, hay lectores que han preferido mis cuentos serios, como el del ídolo de América, y me han dicho que debo escribir más con ese tono.  Un amigo escritor dice que soy bipolar a la hora de escribir. Eso me halaga como escritora.

3.      Es recurrente ver a María Bird Picó utilizar casi en todo momento gafas de sol, ¿a qué se debe? ¿Es un truco de mercadeo? ¿Eres hipersensible al sol? O, como planteas en tu lema promocional: ¿escondes algo tras los cristales entintados?

Las gafas de sol siempre han sido mis compañeras inseparables. Uso lentes de contacto hace 35 años; las gafas protegen mis ojos de la luz y el polvo. Cuando trabajé con los Cuerpos de Paz en una zona rural aislada en Costa Rica, la gente me reconocía en mis largas caminatas diarias por las  gafas  y mi  mochila azul. Cuando no las estoy usando, las mantengo en mi cabeza así que, si hay mucha luz, automáticamente las uso. En la mañana lo primero que hago al montarme en el carro es ponerme las gafas, aunque  esté lloviendo, lo cual es motivo de chistes para mis hijos. En más de una ocasión he regresado a buscar mis gafas a la casa pues me siento incómoda y molesta. También es cierto que me siento menos vulnerable con las gafas; nadie se entera de mi estado de ánimo. Vivo fascinada con la idea de que escondemos secretos, miedos e inquietudes, y las gafas son una excelente metáfora de los subterfugios a los cuales recurrimos para ocultarlos.

A la hora de buscarle título al libro, sabía que tendría que ver con el tema de los verdaderos deseos, sentimientos, talones de Aquiles y sueños que todos albergamos. Jugué con varios títulos con las palabras miradas y ojos hasta que recordé una columna que había escrito para mi difunto blog sobre mi fascinación por las gafas y mi convencimiento de que muchas personalidades no serían famosas si se presentaran a las entrevistas y  los espectáculos sin las gafas de sol. (¡Imagínate a Jackie Onassis y algunos reguetoneros sin sus gafas!) Ni idea tenía entonces del impacto espectacular que tendría el título, y  la foto de la portada que un gran amigo fotógrafo tomó tras explicarle lo que buscaba. La idea de usar las gafas como mercadeo vino de mi amiguita del alma y colega escritora, Nery Gómez, al sugerir que se le pidiera a los asistentes de la presentación oficial en la Umet  ir engafados. Hasta me regaló varios collares con gafas para usarlos en mis presentaciones. Las gafas fueron todo un éxito, no solo en la presentación oficial, sino en otras actividades como la presentación que tuve en el Festival de la Palabra. Otro gran amigo, consultor latinoamericano de mercadeo, me sugirió seguir enfatizando lo de las gafas en mis páginas de Facebook. Y la verdad es que ha ayudado a hacer ruido. Hace poco estuve como autora invitada en un foro académico y comencé participando sin mis gafas hasta que el moderador, un profesor universitario, nos sorprendió poniéndose gafas a la hora de hacerme preguntas. Me han sugerido explotar más lo de las gafas, pero no me siento cómoda pues lo mío es escribir, no vender. Y hasta el sol de hoy mi mejor herramienta de mercadeo ha sido el famoso boca a boca (word of mouth). En eso ha sido clave el apoyo de colegas de la Cofradía de Escritores.

4.     ¿Cuán importante te resulta la crítica en tu proceso creativo?

La crítica es bien importante, algo que hemos aprendido en la maravillosa maestría en Creación Literaria que estudio en la Universidad del Sagrado Corazón. A la hora de revisar los cuentos para este libro, me retumbaba en la cabeza la crítica más frecuente que escuché en los talleres de escritura: sobreadjetivación.  Fue algo que trabajé, al  igual que limitar las oraciones muy largas, críticas que tengo a flor de piel ahora que escribo otros proyectos. Pero, ojo. Aunque es crucial que otros critiquen tu trabajo antes de publicar, es igual de importante saber como escritor qué buscas al narrar pues sino puedes perder tu norte en el mar de opiniones. Han habido sugerencias que a mí no me han latido como escritora, y me llena de orgullo que la intuición no me falló con esta primera colección de cuentos. Si no tienes claro quién eres y cuál es tu voz,  y no crees en tu propuesta literaria,  algunas críticas pueden aniquilarte. En cuanto a la crítica literaria, la valoro mucho. Cuando publiqué dos cuentos en una antología hace 17 años, las críticas halagadoras que recibí fueron clave para seguir escribiendo. Además, como lectora las  valoro para descubrir a nuevos escritores y comprar libros.  Un ejemplo que me viene a la mente es el sueco Stieg Larsson a quien leí tras leer una crítica sobre uno de sus libros, mucho antes de que saliera la versión sueca de su trilogía, Millennium, en el cine.  Hace poco terminé de leer El tiempo entre costuras, la primera novela de una escritora española, tras leer varias reseñas en Internet. Claro, con el tiempo uno va descubriendo críticos que son afines a los gustos de uno pues la realidad es que, como dice el cliché, para los gustos se hicieron los colores.

5.       ¿Es cierto que escribes en el cuarto de lavar la ropa?

¡Ahá! ¿Quién me tiró al medio? Pues sí, trabajo desde mi casa y la oficina está en el cuarto de lavar la ropa. Pero llevo un año adicta a escribir en mi portátil así que escribo en cualquier lugar. Uso la oficina mayormente para las entrevistas telefónicas y para editar los reportajes de la revista que dirijo en el monitor grande. Escribo la mayor parte del tiempo en una vieja silla reclinable en el family, bajo un abanico de techo. Me encanta escuchar el batir de las aspas mientras escribo. Y puedo escribir con ruido. Eso sí, a la hora de comenzar a revisar los textos necesito silencio y me aíslo.

6.       Latinoamérica es un destino frecuentado en tus viajes, sean estos en tus años de formación estudiantil o en la actualidad como profesional. ¿Cómo influye la relación y el contacto con estos países en tu literatura?

Latinoamérica es mi pasión, no solo por sentirme latinoamericana, sino por los vínculos estrechos que tengo con el resto de nuestra región. Mi maestría es en asuntos latinoamericanos, con una concentración en historia y desarrollo económico,  y tuve la dicha de trabajar como voluntaria de los Cuerpos de Paz en Costa Rica en la década de los 80. Viajé por la región como mochilera en mis años de estudiante y cuando viví en Centroamérica. Además, mi esposo es Tico así que nuestros hijos son latinoamericanos por partida doble. Costa Rica es mi segunda patria y allí vive la otra mitad de mi familia. Llevo ocho años viajando por Latinoamérica como editora de una revista iberoamericana y bromeo que llevo la maleta de ejecutiva para los días que me hospedo en hoteles de cinco estrellas para asistir a conferencias y cocteles con los trajes de ejecutiva, y la mochila para cambiarme a mis inseparables mahones y tennis al concluir el trabajo y transferirme a un hotel de 2 estrellas para conocer más el país. Tengo amigos maravillosos en todos esos países. Y, por supuesto, todo esto influye en mi escritura al  exponerme a nuevas experiencias, escenarios y personas.  Además, siempre compro libros de autores locales. En mi libro hay cuentos que ocurren en países como Chile y Argentina. Esta influencia será más palpable en la novela que escribo pues parte de la acción ocurre en tres países latinoamericanos.

7.      ¿Te consideras cautelosa o atrevida?

Pues quisiera ser políticamente correcta y poder contestar que soy cautelosa, pero sería una mentira; muchos logros personales y profesionales han sido gracias a mis atrevimientos. Todos legales, aclaro. En el periodismo local, por ejemplo, me di a conocer cuando trabajé en la época de gloria del  The San Juan Star por unos reportajes, en aquel entonces atrevidos.  Estos incluyeron calcular las fortunas de las familias más adineradas de Puerto Rico, la riqueza en propiedades de la Iglesia Católica y un polémico reportaje sobre la práctica de algunos ejecutivos y compañías de donar tras bastidores dinero a los dos principales partidos políticos, para ir a la segura. Para este último tuve que revisar y tabular expedientes de la Comisión Electoral en una época en la cual no había Internet; el reportaje causó revuelo por que  muchos de los políticos no estaban al tanto de las lealtades divididas. En cuanto a escribir, tomo riesgos y muchos han dado buenos frutos. Mi libro, por ejemplo, tiene dos cuentos con contenido erótico; me encantó la experiencia, no solo de retarme a escribirlos, sino de publicarlos.

8.       ¿Cómo armonizas la escritura periodística, la construcción de guiones y el trabajo literario? Es una batalla diaria.  Me encantaría poder darme el lujo de dedicarme solo a escribir guiones y literatura. Hay un cuento en el libro de una periodista cuyas manos se enfrascan en una batalla pues una quiere escribir ficción y la otra periodismo. Es quizás el más autobiográfico. La decisión se torna difícil porque también me apasiona mi trabajo con la revista al salir del 100 X 35 de nuestra querida Isla, no solo con los viajes sino con los temas. La revista se especializa en comercio minorista y centros comerciales, pero va más allá al poder reportar sobre las economías de estos países, los cambios demográficos, las culturas, perfiles de ciudades como los que recién escribí sobre Cuenca en Ecuador y Estelí en Nicaragua. Y me ha tocado escribir sobre la región en un momento histórico por la bonanza económica que ha permitido a muchos de nuestros hermanos latinoamericanos salir de la pobreza extrema.

Tras comenzar la maestría, me asaltó la duda si debería dejarla y dedicarme a escribir guiones.  El director, el Dr. Luis López Nieves, mi mentor en esto de escribir literatura desde que lo conocí a principios de la década de los 90, me convenció de seguir, con el muy acertado argumento de que mis guiones se beneficiarían también con la maestría pues, no solo invento historias, sino que me expongo a unas lecturas maravillosas, y a crear personajes más redondos. Y tiene toda la razón. De hecho, uno de los comentarios que escucho a menudo sobre mis cuentos es que parecen peliculitas; en el fondo así los veo. Hay compañeros que se sorprenden cuando termino otro guion de cine o comienzo una novela pues están al tanto de mi ajetreo diario con mi trabajo, la maestría, la familia y otros compromisos. ¿El secreto? Al preparar cada semana mi agenda incluyo dos misteriosas rayitas en las listas diarias de tareas. Significan dos páginas diarias de la novela o el guion de turno. Si un día no logro escribirlas, esas se suman a las del día siguiente. Créeme que con lo impaciente que soy me aterra acumular más de cuatro así que, aunque sea en el carro mientras espero a mi hija o en una oficina médica, me obligo a escribirlas. Son  muchos los días que he escrito más de dos páginas pues no puedo soltar lo que escribo.

9. ¿Qué opinión te merecen los certámenes y los premios literarios?

Son bien importantes, pues te pueden abrir puertas y darte a conocer como escritor. He participado en muy pocos certámenes, pues no siempre entiendo el propósito de algunos. Para mí lo más importante es que los concursos que identifico me sirven de meta para escribir o terminar un proyecto. Soy de las que produce bajo presión, así que las fechas de cierre son clave. La novela que escribo (llevo 200 páginas) tenía como fin el poder enviarla a un concurso internacional.  No la tendré a tiempo para este año, pero sí para el próximo. Aún si no gano, tendré otra novela para publicar por mi cuenta. Por otro lado, he escrito sobre temas que jamás se me hubiese ocurrido tantear si no fuera por el reto de un certamen. En mi faceta como guionista lo que he logrado ha sido por certámenes claves en Puerto Rico y Estados Unidos.