Entrevista a Yolanda Arroyo

por María Bird Picó

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¿Cuándo y cómo descubriste que eres escritora?

Me parece que siempre lo supe. Creo que la vocación me eligió a mí y no al revés.

Eres quizás una excepción en la maestría en Creación literaria por haber publicado con éxito varios libros antes de comenzarla. ¿Qué te motivó a cursar la maestría?

El escritor José Saramago, a quien leo hasta la saciedad, en una ocasión dijo: “Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos”. Entré a la maestría buscando eso sin nombre, que está dentro de mí. Ya lo había intentado alcanzar desde un bachillerato en Administración de Empresas, desde ejercer la profesión en tecnología educativa, desde el trabajo comunitario, el activismo, mis matrimonios, parir un ser humano… La maestría fue otro universo en desde el cual me volví cazadora y salí a encontrar a mi presa. Tenía que sucederme.

¿Qué ha contribuido la maestría a tu proceso creativo y a tus destrezas al escribir?

Siento que ha perfeccionado una destreza que nació conmigo, siento que me ha rodeado de mentores, de colegas solidarios que entienden esta locura de escribir. Para escribir hay que estar loco. Saramago también decía: “Hay una cosa que sí me hace feliz, y es decir lo que pienso”. La maestría me ha otorgado las herramientas necesarias para intentar lograr una corrección escritural sobre lo que pienso.

¿Qué piensas sobre la teoría de algunas personas de que no se puede enseñar a escribir buena literatura?

Estoy de acuerdo. Entiendo que lo que sí se puede enseñar es la forma, pero el fondo, el contenido que convierte una obra en buena literatura depende de otros factores a veces totalmente misteriosos.

En tu excelente defensa de tesis dijiste que tu tesis, una colección de cuentos inspirada en el libro de uno de nuestros famosos escritores, va a ser tu mejor libro. ¿De dónde surge esta aseveración?

Mi tesis ha sido el libro que más me ha hecho reír y que más me ha hecho llorar. Me hizo sentir totalmente incomprendida y totalmente aceptada. Es el libro que me ha hecho entender la verdadera naturaleza del ser humano. Es el libro que refuerza mi ateísmo, mi lesbianismo, mi poliamorismo. Es ese libro que los grandes escritores llaman “el libro que siempre quisiste leer y que tuviste que escribir para que existiera”.

Como escritora publicada, ¿qué fue lo más difícil de escribir un libro con la supervisión de un director de tesis?

La ansiedad de la espera y resistir a mi sexy director de tesis (risas). Mi director de tesis (Luis López Nieves) es un hombre brillante, admirable y muy guapo. Y yo tengo esta incontrolable tendencia a sexualizar casi todo.

¿Qué fue lo más que disfrutaste de la experiencia?

La atención que un escritor de su calibre brinda a un pupilo, y la disciplina de separar tiempo de mi agenda para realizar el proyecto.

Tengo que confesar que no te había leído hasta conocerte en la maestría. Al leer Las negras y Violeta lo lamenté pues me impactó tu escritura de manera positiva aunque son temas fuertes. Lo cierto es que se te encajona con temas lésbicos y de afroidentidad.¿Era ese tu propósito como escritora? ¿Te molesta el que se te haya etiquetado en cierto tipo de literatura?

Ese no era mi propósito como escritora, pero no me molestan para nada las etiquetas. Creo que la etiqueta es en el fondo un genuino acto del lector y la crítica para tratar de entender mejor tu literatura. Los seres humanos estamos etiquetando en todo momento de nuestras vidas: linda, fea, alta, baja, negra, blanca, mala, buena…

Libros más recientes tuyos, como uno de los cuentos infantiles publicados por EDP University y algunos cuentos en tu colección Menorragia: Histerias de octubre, demuestran que tu escritura abarca otros temas. ¿Es esto una nueva etapa en tu carrera como escritora?

No es una nueva etapa. Quien lea mis primeros libros, sobre todo Ojos de luna, se dará cuenta de todos los temas que abarco.

¿Cuál fue la experiencia de escribir literatura infantil?

La experiencia de escribir literatura infantil siempre es agradable. Escribo desde la escuela elemental, publico desde la escuela elemental.

Cultivas muchos géneros literarios como la poesía, el ensayo, la novela y los cuentos. ¿Con cuál te identificas más?

La narrativa es mi océano favorito, preferiblemente el cuento corto.

¿Cuál ha sido el más retador?

La poesía, pues es un desnudo descarnado y muy visible.

¿Cuál fue el libro que marcó tu lanzamiento como escritora fuera de Puerto Rico? Ojos de luna, me llevó al Bogotá 39 en Colombia.

Eres una de nuestras escritoras más exitosas con más de una docena de libros publicados. ¿Podrías vivir de la literatura?

En teoría no. Y en teoría sí.

Háblame de algunos de tus rituales a la hora de escribir.

Debe haber silencio, calma, nada de sonidos ni siquiera música. Antes de sentarme a escribir en papel o en computadora, paso entre 3 a 4 horas escribiendo mentalmente. En ocasiones alguien me ha preguntado qué hago tan silenciosa en un rincón por tanto tiempo y mi respuesta siempre es la misma: estoy escribiendo. Acostumbro además a hacerme dictados de ideas o escenas completas que grabo en el teléfono celular y luego transcribo. Si estoy sola en la casa, dramatizo escenas antes de llevarlas a la historia que estoy redactando.

¿Qué consejo le darías a los escritores que comienzan su carrera que hubieses deseado haber escuchado al inicio de la tuya?

Ningún consejo. Que hagan lo que se les venga en gana. Lo que funciona para unos, no funciona para otros. La vida está llena de inconsistencias y hermosas sorpresas que te llevan por el camino de la escritura. Hay que disfrutarse el camino. De nuevo, citando a Saramago: “El viaje no termina jamás. Sólo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración… El objetivo de un viaje es sólo el inicio de otro viaje”.

Por último, ¿cuál quieres que sea tu legado como escritora?

El inicio de otro viaje.

La escritora puertorriqueña Yolanda Arroyo Pizarro ha sido publicada en España, Ecuador, Ghana, Reino Unido, México, Argentina, Panamá, Guatemala, Chile, Bolivia, Colombia, Venezuela, Dinamarca, Hungría y Francia. Sus textos han sido asignados y estudiados en instituciones de renombre como el Instituto Cervantes de Estocolmo, el Black Cultural Center at Purdue University en Indiana, Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y El Caribe. Ha sido merecedora de varias premiaciones literarias a nivel nacional e internacional, entre ellas: el Premio Nacional del Instituto de Literatura 2008, Libro del Año 2007, el Premio PEN Club 2006, y primer lugar en la categoría de cuentos, con su manuscrito Menorragia, en los Premios Nacionales de Literatura 2015 del Instituto de Cultura Puertorriqueña.

 

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