Entrevista a José Antonio Benítez

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José Antonio Benítez nació en Río Piedras, San Juan, PR. Tiene un bachillerato en Ingeniería de Manufactura con concentración en Robótica Industrial de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Mayagüez y la Universidad Politécnica de Puerto Rico. Es egresado de la maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón. Publicó su primer libro de cuentos Literatría furtiva en Jazz en 2015. Como persona ciega, desea que todas las lecturas sean narradas (audio libros). Este deseo ha comenzado a ser una realidad, gracias a Lamaruca Editorial, su casa editora.

“Escribo para vivir en la época, moverme por el espacio y hablar con quien me dé la gana. Ese es el poder que tiene la invención más importante de los humanos: la escritura”, dice José Antonio Benítez. Conozcamos un poco más sobre este extraordinario escritor.

Por Sandra Santana

 ¿Cuándo sentiste, por primera vez, el deseo de escribir, de ser escritor?

Creo que en la escuela intermedia. En ese período me fascinaba hacer lecturas y discutirlas con otros estudiantes. La admiración por el autor de la obra me llevó a pensar que yo pudiera influenciar en otros de esa misma manera.

Luego, en el lugar donde me crie, había personas que te prestaban libros. Estos lo hacían desde el supuesto de que el sistema quería controlarnos con lecturas somníferas y que la verdad se encontraba en estas otras lecturas. Resultó en una operación de clandestinaje en la cual el que más leyera estaba más despierto y hacía más resistencia al sistema en una época de mucha turbulencia política, económica y religiosa.

 ¿Quiénes fueron los autores que te conquistaron en tus comienzos como lector? ¿Cuáles son tus preferidos de hoy?

Comencé con caricaturistas como: Rius (Eduardo del Río), Quino (Joaquín Lavado el de Mafalda) y Fontanarrosa (Roberto). Tenían la capacidad de contarte problemas complejos de historia, filosofía y economía con un humor mordaz e irreverente.

Leo mucho más de historia, política, economía y ciencias que de ficción. Entiendo que la ficción usa estas otras disciplinas como fondo, luego hay que leer la una para entender la otra. En eso de la ficción me han impresionado los obligados de muchos: García Márquez, Vargas Llosa, Roberto Bolaño, José Saramago y Julio Cortázar. Ahora leo a Marcela Serrano, Luis Sepúlveda, Elena Poniatowska, Jorge Volpi y a Santiago Gamboa. La novela negra me gusta mucho más y leo a Agatha Christie, a Conan Doyle, al recién fallecido, Henning Mankell, y no me pierdo un ejemplar de la revista mensual Ellery Queen.

 Estudiaste ingeniería y la practicaste por muchos años. Ahora que te dedicas a escribir, ¿qué significa la literatura para ti en esta etapa de tu vida?

Tener la oportunidad de influenciar en alguien es algo fabuloso. Que alguien te lea y reorganice los patrones neuronales por el mensaje que le enviaste es para mí el premio. Estudié la ingeniería de manufactura. En ella se fabrican cosas y me di cuenta de que en la “fabricación” de un texto, también hay reglas y el objetivo, tanto de los textos como los productos, es que la cosa funcione. El libro es un producto, aunque las letras sean parte de la creación artística, entonces ahí hay otra similitud.

Representa un gran reto para mí hacer diagramas y diseños en tres dimensiones siendo una persona ciega, pero la escritura me permite describir cualquier cosa para crear esa imagen en la mente del lector.

Dicen que las historias escogen a los autores y no al revés. ¿Estás de acuerdo?

No, no estoy de acuerdo, pues el conflicto, el golpe y el final lo debo tener antes de comenzar a escribir, entonces yo la busco a ella. Entiendo que la parte más difícil son las razones por las cuales vas a contar una historia y quiénes serán tus lectores. La ortografía y la gramática son como la receta de cocina: sabérsela es necesaria, pero sin ingredientes no se puede cocinar nada. Hay que estar donde las historias se emiten como rayos de luz, no para que nos iluminen, sino para que escojamos el color y brillantez. Las experiencias diarias, las conversaciones, las lecturas, la observación son los ríos donde se pescan las historias. La línea, el anzuelo y la carnada la pones tú. Si el pez que cae no cumple con tus expectativas lo devuelves al mar. En tu dormitorio, mirando al techo,  será más difícil que desarrolles la historia o “que te llegue”.

En estos tiempos de crisis, no solo en nuestro país sino en el mundo entero, ¿por qué escoger la literatura, por qué seguir escribiendo? ¿Se puede vivir de la literatura?

El escribir es una manifestación artística y se hace independientemente de lo rentable que pudiera ser. Muchas personas se sostienen desempeñándose en una profesión al tiempo que son escritores. Difiero de la premisa de que los problemas de vender nuestros libros tengan que ver con la situación económica. Aquí en nuestro país se celebran seis o siete eventos artísticos de primer orden con artistas del patio o internacionales de renombre, en los cuales el costo promedio del boleto sobrepasa los $70 y la asistencia se mide en miles. Una persona puede invertir en dos horas y media esa cantidad, a la que tiene perfecto derecho, pero no compra tres o cuatro libros; el problema no es de dinero.

La editorial de la Universidad de Puerto Rico, hace (¿hacía?) dos actividades de venta de libros, en las cuales podías conseguir libros desde 25 centavos. Con $20 podías llenar una mochila. Aun así, esas actividades no eran muy concurridas. Es algo así como cantar para sordos o hacer mímica para ciegos.

Repito, no todas nuestras manifestaciones deben tener rentabilidad económica. La satisfacción que me genera esta forma de vivir la practicaría aunque tenga que regalar los libros.

Puedo mencionar varios ejemplos de personas que viven de escribir (en otros lugares del mundo), luego la segunda parte de la pregunta no necesita mucho argumento: sí, se puede.

Tu primer libro publicado, Literatría furtiva en jazz, ¿cómo lo concebiste y por qué el título?

La mayoría de los 16 textos que contiene el libro los presenté en respuesta a las tareas asignadas en los talleres de la maestría en Creación Literaria. Los seleccioné por la variedad y en la editorial me ayudaron a dividirlos en cuatro secciones: personas traumadas, enfermeras, encuentros y filosóficos-históricos. Uno de los cuentos lleva como título, Literatría. Ese cuento le daría el título al libro, pero Mary Ely Marrero-Pérez, editora de Lamaruca, me sugirió que ampliara el título, pues en los cuentos hay mucha referencia a la música. Dado que otro de los cuentos, para el cual necesité 39 páginas para contarlo, lo titulé “Jazz furtivo”, y de ahí llegué al bautismo.

Literatría es un neologismo en el cual combino la palabra literatura con la palabra psiquiatría y la defino como la ciencia que estudia los trastornos mentales de aquellas personas que no consumen, no están expuestas o no generan literatura. Es furtiva, pues se hace a escondidas tratando de burlar el juicio del lector y el Jazz, como disciplina musical, marca el tono de los textos que van de lo solemne de El primer eclipse a lo lúdico de El maíz de la mazorca.

El proceso para publicar un libro en Puerto Rico no siempre resulta fácil para los escritores noveles. ¿Cómo fue el proceso en tu caso?

Se me hizo muy sencillo. La amistad, de muchos años,  con personal de Lamaruca ayudó, pues ya sabían cómo me gustaría que el libro se publicara. El hecho de que escogí el título, describí la portada que quería y la ayuda de Mary Ely y la artista Saimara Alejandro Hernández, me hicieron sentir que he contribuido también en la forma, además del contenido. Fue fácil también hacer varias correcciones necesarias y me ha ido muy bien en los siete meses que lleva el libro de publicado.

Reconozco que un libro es un producto para la venta y existen expertos que saben del atractivo que debe tener una cubierta para llamar la atención, pero se usa mucho la analogía de un libro con un bebé y a esas hermosas criaturas uno los nombra, viste y presenta como más nos guste. Al final, según una pregunta anterior sobre tiempos difíciles para vender libros, parece que los expertos en presentación no se han podido diferenciar del resto.

Es claro que el tema social te motiva. ¿Desde qué ángulo de la realidad te sitúas para contar la vida en tus cuentos? ¿Escribes con el propósito de denunciar situaciones específicas que te inquietan, o dejas que la historia fluya según te llegó?

Escribo desde el descontento que siento por muchas situaciones que se manifiestan en la sociedad que me tocó vivir. Aún no tengo el beneficio de un micrófono en un programa radial o televisivo. Tampoco imparto clases o tengo una audiencia cautiva a quienes hacerle saber cómo pienso, mucho menos tengo una columna semanal en un periódico. El trabajo que hacen los compañeros que tienen acceso a esos medios es excelente y lo estudio de cerca. Mi único turno al bate es en los libros. Allí debo expresar ese descontento utilizando actuantes y situaciones que muestren el ejemplo de la realidad que no funciona y por qué creo que no funciona. Me gusta señalar las ironías, las contradicciones y a los agachados que están detrás de los escondidos.

Escribir desde el punto de vista del sexo opuesto, y hacerlo en forma efectiva, es un gran reto. En tus cuentos proliferan los personajes femeninos fuertes. En Jazz furtivo, por ejemplo, la protagonista es una mujer muy moderna y desinhibida que seduce a un hombre ciego. En La noche que arrestaron a Santa Clos, la protagonista es una mujer que imparte justicia a su manera. En Ruta de cimarronas, mujeres valientes crean una red de escape para mujeres maltratadas. ¿Es un reto que te has impuesto o la convivencia con mujeres importantes en tu vida hace que fluyan las historias en forma natural?

No, no es algo que me haya impuesto, sencillamente, es en la desigualdad en donde están las historias y no las dejaré de narrar por el temor de pisar callos. Hay quienes me preguntan si ha sido difícil venir de un arrabal, criarme en un caserío, ser negro y persona ciega. Les contesto que si fuera mujer y mi orientación fuera distinta a la heterosexual, entonces estuviéramos hablando de una situación verdaderamente difícil.

Gandhi decía que las sociedades se podían juzgar por la forma en que trataban a los animales, Dostoievski decía lo mismo con respecto al trato a los reos; la nuestra, tiene malas notas por la forma en que trata a los maestros y a la mujer.

Tuve la suerte de conocer mujeres (además de la familia inmediata) que me hablaron y me recomendaron lecturas de lo conveniente para ciertos sectores en que todos nos sumemos a la comparsa misógina. No puedo decir que he conocido una mujer sumisa y si vamos a lo literario, eso de representar a mujeres que el premio consistió en casarse con un príncipe, que se tomaban un veneno o se tiraban al frente de un tren en marcha porque no podían vivir con su amado, sería repetir lo ya escrito.

El primer eclipse es un homenaje a tu señora madre. ¿Cuánto influyó su ejemplo en ti a la hora de decidir hacer una carrera como escritor?  

Ella influyó al fomentar en mí la lectura. Trabajó toda su vida como criada en casas de familia. Creo que notó desde temprano que la gran diferencia entre los intelectuales que habitaban esas casas y nosotros era el área de la biblioteca que ella tenía que desempolvar y a la que tanta referencia se hacía en las conversaciones. De nuevo, la lectura como la raíz de la escritura. Además, era muy buena contando historias y repitiendo historias que le habían contado.

Los escritores solemos ser muy idealistas. ¿Piensas que la literatura puede cambiar el mundo?

La literatura ha hecho  el mundo que conocemos. Si te fijas, no hay postura de nosotros los humanos ya sea espiritual o intelectual en la que no haya mediado un libro para que nos formemos. No tengo el espacio aquí para mencionar los autores y los libros que establecieron las bases de lo que somos. Si hablas de religión, de economía, de derechos de los que estamos en inequidad, de política, etcétera, encontrarás siempre un autor y un libro que cambió tu vida y la de tu prójimo. Claro está, la literatura es actividad humana y depende de lo que queramos señalar para poder ir cambiando persona a persona para que las cosas mejoren.

Abraham Lincoln dijo una vez que un ejército que usa barriles de pólvora no puede vencer a un ejército que usa barriles de tinta. El presidente yanqui se refería a la prensa, pero el ejemplo sirve para señalar que los de barriles de pólvora no se han cruzado de brazos y han conseguido que no le prestemos atención a la tinta.

La respuesta es sí, la literatura ha cambiado la sociedad y lo seguirá haciendo para la construcción de una sociedad más justa, pero eso depende de nosotros.

El escritor peruano Mario Vargas Llosa escribió una vez que sin erotismo no hay gran literatura. ¿Estás de acuerdo? ¿Cuán importante es el erotismo en tus narraciones?

El erotismo, como el resto de las manifestaciones humanas, es necesario para la buena literatura. Cuando escribimos, buscamos que el lector se sienta identificado con lo que lee y dado que el erotismo es parte de la vida de todos, ese escrito será valorado según la importancia que tiene el erotismo en la vida de quien lee. Puede sonar freudiano, pero no incluir en los escritos uno de los motores principales de la conducta humana sería el equivalente a eliminar el amor, el odio, la envidia y la culpa y no sé si quedaría literatura sin esas especias. En el libro, uso el erotismo como detonante de comportamientos. Se puede ver en Jazz furtivo y en La botella de vino.

Dice el poeta ecuatoriano Fabián Guerrero Obando que, “…cuando uno escribe, no escribe solamente para que ocurran las cosas que quisieras que ocurran, escribes también para ahuyentar lo que temes”. ¿Estás de acuerdo? ¿A qué le temes tú, qué demonios pretendes exorcizar mediante la escritura?

Estoy de acuerdo, pues ese comentario cumple perfectamente con mi definición de lo que es la expresión artística. Toda nuestra expresión la hacemos porque no podemos vivir con ella sin contarla. A ese tormento a que te someten las situaciones y los personajes en el proceso de relectura y reescritura de los textos, combinado con lo que quieres decir, le podemos llamar infierno y las constantes preguntas a que te somete el cerebro sobre lo que has creado le podemos llamar, demonio.

¿Cómo quisieras que te recordaran?

Como una persona que se negó a participar en la comparsa del olvido ni de la fiesta de “las cosas son así, porque son así”. Ya he recibido todos los premios que se pueden obtener en vida: mi madre dijo que era buen hijo y la familia que escogí y que me acogió, me considera buen integrante.

Como alguien que no aceptó lo establecido, pues para hacer esto último no hace falta estudiar nada ni leer nada. Duerme, come, ve al baño y vuélvete a acostar y ya eres parte de lo establecido, puede que tendrás menos problemas, pero me gustaría que me recordaran como alguien que encontró toda la satisfacción en la disidencia. Alguien que vio los hilos, supo quién los manejó y resistió.

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