La inteligencia de la honestidad

El mío ha sido un largo camino hacia el desnudamiento de la palabra: desde las primeras tentativas de escribir, cuando era jovencito en una prosa abigarrada, llena de palabras que hoy me dan vergüenza, hasta llegar a un lenguaje que yo quisiera que fuera cada vez más claro, sencillo, y por lo tanto más complejo, porque la sencillez es la hija de una complejidad de creación que no se nota ni tiene que notarse. 

Uno siente primero que el trabajo intelectual consiste en hacer complejo lo simple, y después uno descubre que el trabajo intelectual consiste en hacer simple lo complejo. Y un caso de simplificación no es una tarea de embobamiento, no se trata de simplificar para rebajar de nivel intelectual, ni para negar la complejidad de la vida y de la literatura como expresión de la vida. Por el contrario, se trata de lograr un lenguaje que sea capaz de transmitir electricidad de vida suprimiendo todo lo que no sea digno de existencia. 

Para mí siempre ha sido fundamental la lección del maestro Juan Carlos Onetti, un gran escritor uruguayo muerto hace poco, que me guió los primeros pasos”. Extracto del texto Sobre el arte de un escritor, del escritor uruguayo Eduardo Galeano.

El escritor puertorriqueño José Borges reacciona:

borges“El propósito de todo escritor es comunicar su idea, ya sea una obra de ficción, un reportaje, un ensayo o un poema. Sin embargo, es fácil olvidarse de este concepto; tal vez porque es un proceso muy íntimo este de revelarle los pensamientos a un lector. Por eso, a veces nos desviamos de comunicar, y entramos en las aguas profundas de impresionar o agradar. Nos engañamos al pensar que el uso de un vocabulario rebuscado nos hará parecer más inteligentes. La ironía es que demuestra todo lo contrario y nos hace lucir inseguros. La vergüenza a la que se refiere Galeano, luego de obtener más experiencia, es producto de esta inseguridad del escritor. Es semejante a lo que sentimos cuando recordamos alguna barbaridad cometida en los años de juventud. Cuando intentamos comunicarnos de una manera diferente a nuestra voz interna, se nota; es un fallo de honestidad de nuestra parte. Es preciso no caer en la trampa de engañar al lector porque se dará cuenta, al fin y al cabo.

Uno de mis personajes históricos favoritos es el fallecido científico norteamericano Richard Feynman. Es conocido como el padre de la física cuántica y participó en el infame ‘Proyecto Manhattan’, que desarrolló la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial. Luego, fue profesor de Física en Caltech y publicó varias memorias y autobiografías. Murió de cáncer en 1988 con estas últimas palabras: ‘Odiaría morir dos veces. Es tan aburrido’. Sus colegas lo consideraban un genio. Sin embargo, lo que realmente admiro de este científico es la manera en que solía explicar conceptos complicados en palabras sencillas. En su escrito, Galeano explica su anhelo por lograr ese tipo de escritura: sencilla, concisa y fácil de entender. Cuando uno lee los escritos de Galeano, se da cuenta de que lograba esta hazaña una y otra vez. Ahora mismo, a modo de repaso, leo partes de Espejos, publicada en 2008. En esta obra, Galeano comenta eventos de la historia del mundo, como las explosiones de Hiroshima y Nagasaki, y el rol del padre de la bomba atómica, Robert Oppenheimer. El libro está compuesto de pequeños escritos basados en hechos históricos que comunican el punto de vista de Galeano. Además, se invita a los lectores a reflexionar sobre ellos. Como él mismo decía: ‘Escribo para los amigos que todavía no conozco. Los que conozco ya están hartos de escucharme’. Sus palabras revelan su preocupación por que lo lean, y lo entiendan, sobre todo.

El intelecto de Galeano no se cuestiona en ningún momento, por más que se difiera de él. Simplemente, escribe desde su punto de vista, con honestidad, como si estuviera en la sala conversando contigo.

Comunicarse es el norte de los escritores, sin que importe el género literario. Es un reto para valientes, ya que el fracaso suele castigarse severamente. Un ‘No entendí nada de lo que escribiste’, puede herir más que un machetazo, porque exponemos nuestra alma al escribir. Siempre admiraremos a escritores como Galeano, que logran comunicar su visión de mundo de manera eficaz e ingeniosa. De alguna manera, logran ‘hablarnos’ íntimamente, de la misma forma en que lo hizo García Márquez, Kafka, Sor Juana Inés de la Cruz, Pardo Bazán y todos los escritores que admiramos. Darse cuenta de este fenómeno requiere años de lectura, estudio y práctica. Es nuestro deber entender cómo las palabras logran diferentes efectos en las mentes de quienes nos leen. Los escritores honestos, que brillan por su ingenio, son los que pasan días pensando en el adjetivo perfecto, el punto de vista narrativo adecuado, el comienzo ideal, y así por el estilo. Los que trabajamos en este oficio de manera seria aspiramos a ser así”.

*José Borges escribe cuentos, obras de teatro, novelas y colabora de manera independiente en diversos medios. En la actualidad, escribe reseñas de literatura para la sección Tinta fresca los domingos en El Nuevo Día, y es el coordinador de la maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón, en Santurce. Es autor de las novelas Esa antigua tristeza y Fortaleza jose.borges.escritor@gmail.com.  

Colaboración de la escritora Betty Díaz, vicepresidenta de la Cofradía de Escritores de Puerto Rico.

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