El reto a la hora de contar

“Una persona puede llevar cuenta de algo con números romanos, con números árabes, con signos algebraicos; pero tiene que llevar esa cuenta. No puede olvidar ciertas cantidades o ignorar determinados valores. Llevar cuenta es ir ceñido al hecho que se computa. El que no sabe llevar con palabras la cuenta de un suceso, no es cuentista”. Extracto del ensayo Apuntes sobre el arte de escribir cuentos del escritor dominicano Juan Bosch.

La cuentista puertorriqueña Tere Dávila reacciona:

“PaTereDavilafotorece obvio: el que no sabe contar con palabras un suceso, no es cuentista. Sin embargo, frecuentemente leo ‘cuentos’ que son más bien prosa poética; pasajes cargados de metáforas, muchas veces difíciles de entender, que se limitan a una puesta en escena. Ahí se quedan, sin trabajar el arco de una historia o de un personaje.

Pienso que, para que una historia satisfaga, debe moverse, aunque sea a nivel sicológico, y prefiero las que combinan conflictos internos y externos. Por eso los mitos son los mejores cuentos de todos: además de travesías, batallas y crímenes, hay emociones fuertes que tocan todos los pecados capitales. En fin, ofrecen varios niveles de lectura y nunca aburren. También se mantienen fieles a su propia lógica interna.

Un cuento bien hecho tiene, dentro de sí mismo, todo lo necesario para que el lector lo entienda y pueda explicarse los hechos, aun cuando haya finales abiertos o hasta saltos mortales de realidad. El embuste puede ser enorme, lo importante es que sea convincente y consistente, para así evitar el mal sabor que dejan ciertos intentos efectistas. Admiro a los escritores que ejercen un control elegante, que saben que no hay que caerle a marronazos al pobre lector con un recuento hipergráfico de todo lo malo que hay en el mundo; la maldad, igual que la comedia, son más efectivas cuando se presentan sigilosas, como ”de ladito”, y le dejan espacio respetuoso al lector.

El cuentista debe ser bien estricto consigo mismo; el trabajo puede ser hermético, experimental, o más complicado que un viaje surrealista, pero de alguna manera su autor debe poder explicar la idea de manera clara y sencilla. Si no, tal vez ese cuento no está listo. No sé coser ni siquiera un ruedo, pero me imagino que contar y coser tienen algo en común: hay que ser cuidadoso con las puntadas y lo que no está bien puesto al principio del trabajo va a verse como un tremendo error cuando la pieza esté terminada”.

*Tere Dávila es autora de las colecciones de relatos Lego y otros pájaros raros (Isla Negra, 2013) y El fondillo maravilloso y otros efectos especiales (Terranova, 2009),  y varios libros sobre la cultura puertorriqueña. Sus relatos han sido premiados en varios certámenes y figuran en antologías en español e inglés. Recientemente, su cuento El fondillo maravilloso fue adaptado a un cortometraje.

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