Entrevista a María Bird Picó

por Antonio de Jesús Martell

1.     Has compartido en otrfotooficialmariabirdpicoas entrevistas que la chilena María Luisa Bombal con su novela La amortajada fue una de las lecturas primeras que tuvieron en ti el resultado de volcarte hacia la literatura. ¿Qué particularidades de la novela, sensaciones de la lectura, memorias de entonces, permanecen contigo?

Leí La amortajada por primera vez en la escuela superior. Me voló la cabeza por la originalidad de una narración en primera persona de una difunta que narra mientras es velada. Ahí se entera de algo que siempre quiso  saber cuando vivía, y por eso repite en el transcurso de la narración algo así como ¿hay que morir para saber? Comencé a volver a todos a mi alrededor locos con mi incesante pregunta: ¿Hay que morir para saber? Tras leerla me propuse no esperar jamás hasta la muerte para enterarme de asuntos importantes o lo que me intriga. Creo que es una de las razones primordiales por las cuales soy periodista, esa curiosidad insaciable unida a la firme creencia  en la misión de investigar e informar a fondo para que los que lean mis reportajes tomen decisiones, formulen una opinión o reaccionen.

Como escritora quizás el libro que más me impactó fue Mujercitas de Louisa May Alcott.  Al leerlo a mis 8 o 9 años sentí cercana a una de las protagonistas, Jo Marsh, la hermana irreverente que se convirtió en escritora y que era muy diferente a sus hermanas. Esa lectura atizó mi deseo de escribir. Mi mayor tesoro material es la primera edición de ese libro que perteneció a mi querida madre,  y que me regaló años antes de morir.

Por supuesto, no puedo dejar de mencionar al inigualable Julio Cortázar a quien conocí primero por las lecturas obligadas, pero que seguí leyendo por puro placer a través de los años. Hay un cuento de él poco conocido, Las ménades, que leí hace varias décadas y me impactó por la detallada ambientación de la sala de conciertos donde ocurre la historia, y el uso de la exageración con leve toque humorístico para, de forma indirecta, transmitir una crítica social. Dos otros cuentos de Cortázar son también mis favoritos, La autopista del sur y el magistral La noche boca arriba. Son cuentos con imágenes poderosas que hacen que perduren en nuestro subconsciente.

2.     La crítica general destaca de tu libro, Tras esas gafas de sol, un humor atrayente. ¿Cuán importante te resulta la noción de la comicidad a la hora de iniciar tu trabajo creativo? tras El humor es algo intrínseco en mí, como podrás haberte dado cuenta desde que nos conocimos. Cuando estudiaba en la escuela superior pensé dedicarme a escribir para la televisión, pero eso no era realmente una carrera en aquel entonces y estudié periodismo. No me arrepiento;, es una carrera maravillosa, no solo por el rol importante que tiene en una sociedad, sino por la satisfacción personal de aprender y reportar sobre múltiples temas. Al escribir cuentos el humor no ha sido algo que haya forzado, sino que ha surgido sin mucho esfuerzo. Soy de la escuela que piensa que al escribir manifestamos quiénes somos y al parecer no he sido la excepción. En los  cuentos con humor, esto ha sido un gran acierto ya que los lectores me han dicho que primero reaccionan con una sonrisa para luego decir “eso es muy cierto” o “me siento igual que ese personaje”. La crítica social, algo muy importante para mí, es soslayada, entretejida en los personajes y sus acciones. Un ejemplo es el famoso cuento de la morcilla que ha impactado al reconocemos en los personajes sentados alrededor de la mesa que ignoran a una pobre morcilla. Para mí lo importante ha sido que se haya entendido mi propuesta de que no porque haya humor esos cuentos sean menos impactantes que mis cuentos serios. Un ejemplo clave para mí es la universalidad y profundidad del mensaje de Mafalda y el programa mexicano El chavo del ocho a pesar del humor y el paso de los años. Por cierto, hay lectores que han preferido mis cuentos serios, como el del ídolo de América, y me han dicho que debo escribir más con ese tono.  Un amigo escritor dice que soy bipolar a la hora de escribir. Eso me halaga como escritora.

3.      Es recurrente ver a María Bird Picó utilizar casi en todo momento gafas de sol, ¿a qué se debe? ¿Es un truco de mercadeo? ¿Eres hipersensible al sol? O, como planteas en tu lema promocional: ¿escondes algo tras los cristales entintados?

Las gafas de sol siempre han sido mis compañeras inseparables. Uso lentes de contacto hace 35 años; las gafas protegen mis ojos de la luz y el polvo. Cuando trabajé con los Cuerpos de Paz en una zona rural aislada en Costa Rica, la gente me reconocía en mis largas caminatas diarias por las  gafas  y mi  mochila azul. Cuando no las estoy usando, las mantengo en mi cabeza así que, si hay mucha luz, automáticamente las uso. En la mañana lo primero que hago al montarme en el carro es ponerme las gafas, aunque  esté lloviendo, lo cual es motivo de chistes para mis hijos. En más de una ocasión he regresado a buscar mis gafas a la casa pues me siento incómoda y molesta. También es cierto que me siento menos vulnerable con las gafas; nadie se entera de mi estado de ánimo. Vivo fascinada con la idea de que escondemos secretos, miedos e inquietudes, y las gafas son una excelente metáfora de los subterfugios a los cuales recurrimos para ocultarlos.

A la hora de buscarle título al libro, sabía que tendría que ver con el tema de los verdaderos deseos, sentimientos, talones de Aquiles y sueños que todos albergamos. Jugué con varios títulos con las palabras miradas y ojos hasta que recordé una columna que había escrito para mi difunto blog sobre mi fascinación por las gafas y mi convencimiento de que muchas personalidades no serían famosas si se presentaran a las entrevistas y  los espectáculos sin las gafas de sol. (¡Imagínate a Jackie Onassis y algunos reguetoneros sin sus gafas!) Ni idea tenía entonces del impacto espectacular que tendría el título, y  la foto de la portada que un gran amigo fotógrafo tomó tras explicarle lo que buscaba. La idea de usar las gafas como mercadeo vino de mi amiguita del alma y colega escritora, Nery Gómez, al sugerir que se le pidiera a los asistentes de la presentación oficial en la Umet  ir engafados. Hasta me regaló varios collares con gafas para usarlos en mis presentaciones. Las gafas fueron todo un éxito, no solo en la presentación oficial, sino en otras actividades como la presentación que tuve en el Festival de la Palabra. Otro gran amigo, consultor latinoamericano de mercadeo, me sugirió seguir enfatizando lo de las gafas en mis páginas de Facebook. Y la verdad es que ha ayudado a hacer ruido. Hace poco estuve como autora invitada en un foro académico y comencé participando sin mis gafas hasta que el moderador, un profesor universitario, nos sorprendió poniéndose gafas a la hora de hacerme preguntas. Me han sugerido explotar más lo de las gafas, pero no me siento cómoda pues lo mío es escribir, no vender. Y hasta el sol de hoy mi mejor herramienta de mercadeo ha sido el famoso boca a boca (word of mouth). En eso ha sido clave el apoyo de colegas de la Cofradía de Escritores.

4.     ¿Cuán importante te resulta la crítica en tu proceso creativo?

La crítica es bien importante, algo que hemos aprendido en la maravillosa maestría en Creación Literaria que estudio en la Universidad del Sagrado Corazón. A la hora de revisar los cuentos para este libro, me retumbaba en la cabeza la crítica más frecuente que escuché en los talleres de escritura: sobreadjetivación.  Fue algo que trabajé, al  igual que limitar las oraciones muy largas, críticas que tengo a flor de piel ahora que escribo otros proyectos. Pero, ojo. Aunque es crucial que otros critiquen tu trabajo antes de publicar, es igual de importante saber como escritor qué buscas al narrar pues sino puedes perder tu norte en el mar de opiniones. Han habido sugerencias que a mí no me han latido como escritora, y me llena de orgullo que la intuición no me falló con esta primera colección de cuentos. Si no tienes claro quién eres y cuál es tu voz,  y no crees en tu propuesta literaria,  algunas críticas pueden aniquilarte. En cuanto a la crítica literaria, la valoro mucho. Cuando publiqué dos cuentos en una antología hace 17 años, las críticas halagadoras que recibí fueron clave para seguir escribiendo. Además, como lectora las  valoro para descubrir a nuevos escritores y comprar libros.  Un ejemplo que me viene a la mente es el sueco Stieg Larsson a quien leí tras leer una crítica sobre uno de sus libros, mucho antes de que saliera la versión sueca de su trilogía, Millennium, en el cine.  Hace poco terminé de leer El tiempo entre costuras, la primera novela de una escritora española, tras leer varias reseñas en Internet. Claro, con el tiempo uno va descubriendo críticos que son afines a los gustos de uno pues la realidad es que, como dice el cliché, para los gustos se hicieron los colores.

5.       ¿Es cierto que escribes en el cuarto de lavar la ropa?

¡Ahá! ¿Quién me tiró al medio? Pues sí, trabajo desde mi casa y la oficina está en el cuarto de lavar la ropa. Pero llevo un año adicta a escribir en mi portátil así que escribo en cualquier lugar. Uso la oficina mayormente para las entrevistas telefónicas y para editar los reportajes de la revista que dirijo en el monitor grande. Escribo la mayor parte del tiempo en una vieja silla reclinable en el family, bajo un abanico de techo. Me encanta escuchar el batir de las aspas mientras escribo. Y puedo escribir con ruido. Eso sí, a la hora de comenzar a revisar los textos necesito silencio y me aíslo.

6.       Latinoamérica es un destino frecuentado en tus viajes, sean estos en tus años de formación estudiantil o en la actualidad como profesional. ¿Cómo influye la relación y el contacto con estos países en tu literatura?

Latinoamérica es mi pasión, no solo por sentirme latinoamericana, sino por los vínculos estrechos que tengo con el resto de nuestra región. Mi maestría es en asuntos latinoamericanos, con una concentración en historia y desarrollo económico,  y tuve la dicha de trabajar como voluntaria de los Cuerpos de Paz en Costa Rica en la década de los 80. Viajé por la región como mochilera en mis años de estudiante y cuando viví en Centroamérica. Además, mi esposo es Tico así que nuestros hijos son latinoamericanos por partida doble. Costa Rica es mi segunda patria y allí vive la otra mitad de mi familia. Llevo ocho años viajando por Latinoamérica como editora de una revista iberoamericana y bromeo que llevo la maleta de ejecutiva para los días que me hospedo en hoteles de cinco estrellas para asistir a conferencias y cocteles con los trajes de ejecutiva, y la mochila para cambiarme a mis inseparables mahones y tennis al concluir el trabajo y transferirme a un hotel de 2 estrellas para conocer más el país. Tengo amigos maravillosos en todos esos países. Y, por supuesto, todo esto influye en mi escritura al  exponerme a nuevas experiencias, escenarios y personas.  Además, siempre compro libros de autores locales. En mi libro hay cuentos que ocurren en países como Chile y Argentina. Esta influencia será más palpable en la novela que escribo pues parte de la acción ocurre en tres países latinoamericanos.

7.      ¿Te consideras cautelosa o atrevida?

Pues quisiera ser políticamente correcta y poder contestar que soy cautelosa, pero sería una mentira; muchos logros personales y profesionales han sido gracias a mis atrevimientos. Todos legales, aclaro. En el periodismo local, por ejemplo, me di a conocer cuando trabajé en la época de gloria del  The San Juan Star por unos reportajes, en aquel entonces atrevidos.  Estos incluyeron calcular las fortunas de las familias más adineradas de Puerto Rico, la riqueza en propiedades de la Iglesia Católica y un polémico reportaje sobre la práctica de algunos ejecutivos y compañías de donar tras bastidores dinero a los dos principales partidos políticos, para ir a la segura. Para este último tuve que revisar y tabular expedientes de la Comisión Electoral en una época en la cual no había Internet; el reportaje causó revuelo por que  muchos de los políticos no estaban al tanto de las lealtades divididas. En cuanto a escribir, tomo riesgos y muchos han dado buenos frutos. Mi libro, por ejemplo, tiene dos cuentos con contenido erótico; me encantó la experiencia, no solo de retarme a escribirlos, sino de publicarlos.

8.       ¿Cómo armonizas la escritura periodística, la construcción de guiones y el trabajo literario? Es una batalla diaria.  Me encantaría poder darme el lujo de dedicarme solo a escribir guiones y literatura. Hay un cuento en el libro de una periodista cuyas manos se enfrascan en una batalla pues una quiere escribir ficción y la otra periodismo. Es quizás el más autobiográfico. La decisión se torna difícil porque también me apasiona mi trabajo con la revista al salir del 100 X 35 de nuestra querida Isla, no solo con los viajes sino con los temas. La revista se especializa en comercio minorista y centros comerciales, pero va más allá al poder reportar sobre las economías de estos países, los cambios demográficos, las culturas, perfiles de ciudades como los que recién escribí sobre Cuenca en Ecuador y Estelí en Nicaragua. Y me ha tocado escribir sobre la región en un momento histórico por la bonanza económica que ha permitido a muchos de nuestros hermanos latinoamericanos salir de la pobreza extrema.

Tras comenzar la maestría, me asaltó la duda si debería dejarla y dedicarme a escribir guiones.  El director, el Dr. Luis López Nieves, mi mentor en esto de escribir literatura desde que lo conocí a principios de la década de los 90, me convenció de seguir, con el muy acertado argumento de que mis guiones se beneficiarían también con la maestría pues, no solo invento historias, sino que me expongo a unas lecturas maravillosas, y a crear personajes más redondos. Y tiene toda la razón. De hecho, uno de los comentarios que escucho a menudo sobre mis cuentos es que parecen peliculitas; en el fondo así los veo. Hay compañeros que se sorprenden cuando termino otro guion de cine o comienzo una novela pues están al tanto de mi ajetreo diario con mi trabajo, la maestría, la familia y otros compromisos. ¿El secreto? Al preparar cada semana mi agenda incluyo dos misteriosas rayitas en las listas diarias de tareas. Significan dos páginas diarias de la novela o el guion de turno. Si un día no logro escribirlas, esas se suman a las del día siguiente. Créeme que con lo impaciente que soy me aterra acumular más de cuatro así que, aunque sea en el carro mientras espero a mi hija o en una oficina médica, me obligo a escribirlas. Son  muchos los días que he escrito más de dos páginas pues no puedo soltar lo que escribo.

9. ¿Qué opinión te merecen los certámenes y los premios literarios?

Son bien importantes, pues te pueden abrir puertas y darte a conocer como escritor. He participado en muy pocos certámenes, pues no siempre entiendo el propósito de algunos. Para mí lo más importante es que los concursos que identifico me sirven de meta para escribir o terminar un proyecto. Soy de las que produce bajo presión, así que las fechas de cierre son clave. La novela que escribo (llevo 200 páginas) tenía como fin el poder enviarla a un concurso internacional.  No la tendré a tiempo para este año, pero sí para el próximo. Aún si no gano, tendré otra novela para publicar por mi cuenta. Por otro lado, he escrito sobre temas que jamás se me hubiese ocurrido tantear si no fuera por el reto de un certamen. En mi faceta como guionista lo que he logrado ha sido por certámenes claves en Puerto Rico y Estados Unidos.

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