¿Dónde?

“Escribir es volver a casa”

libro y cafe

La tesis de Claudio Magris (escritor italiano) es excéntrica, pero no carece de fundamento:

La cafetería es el sitio donde mis allegados o compañeros de trabajo no se me acercan. Hay gente alrededor, y tampoco está mal verse rodeado de personas a quienes le tiene sin cuidado lo que haces. Levantarse de vez en cuando, estirar las piernas, se trabaja mucho y parece que se trabaja menos. A Magris le gusta mucho escribir en el tren, donde el ambiente a menudo es como el de una cafetería llena personas indiferentes al ruido de la pluma sobre el papel.

Tomasi di Lampedusa también escribía en una cafetería, el Caffé Mazzara de Palermo. La cafetería es un lugar sagrado de la escritura, a menudo símbolo del escritor bohemio, símbolo desde luego de los años dorados de París.

Hemingway fue su representante más famoso, y cuando se piensa en él no cuesta mucho imaginarlo sentado en un rincón de una cafetería parisina, con café creme y el cuaderno sobre las rodillas.

(Tomado del libro: Escribir es un Tic)

Mientras José Rabelo escritor egresado de la Maestría (Premio Barco de Vapor 2013) nos comenta sobre el lugar de su preferencia a la hora de escribir:

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Dondequiera llega el caballero inspiración y su gemela, doña inspiradora. Aunque prefiero armar los relatos en mi biblioteca, porque desde allí puedo partir con más facilidad (entiéndase referencias como libros, internet, películas y una vista de montañas que de manera subliminal eleva mi imaginación) me agrada  escribir en autobuses durante giras y en las camas de hoteles, no en los escritorios. A los viajes siempre llevo un diario, o moleskin, en donde hago constantes anotaciones, dibujos y testimonios escritos de mis compañeros de travesía. A veces tomo los relieves de los lugares visitados y ensucio las páginas con material orgánico o mineral del país visitado. No es raro encontrar flores aplastadas entre las páginas hasta que un día me agarren los de agricultura. En muchas ocasiones frases en pancartas, refranes, titulares, fragmentos de folletos turísticos me han desatado ideas encerradas en la mente para convertirlas en relatos y hasta para finalizar como pasajes de novela. Fotos en algunos de mis álbumes han terminado como escenarios para tramas. Aunque la mayoría de las veces origino mis escritos desde el teclado, son muchas las hojas sueltas que guardo en cartapacios para algún día transformarlas en libros. Hace unos meses me encontraba en un hotel, en medio de una conferencia, como padezco de déficit de atención (autodiagnosticado) empecé a dibujar mientras el conferenciante divagaba. Trazaba los bocetos de unos semirotes, gaznápiros y lúgubros para alimentar el bestiario de una idea recién llegada, Club de calamidades. En esa ocasión, para organizar mi manuscrito, hice un bosquejo con cada capítulo pormenorizado con su narrador, características, escenarios, personajes y puntos claves de la trama. De esta manera se me hizo fácil transitar por una historia ya planificada antes de comenzar a escribirla.

Si tuviera que escribir en un café también lo haría. Allí preferiría una mesa cerca de una pared (para recostarme en ella si me canso), un ambiente fresco (porque la andropausia me ha convertido en un ser caluroso), si el café tuviera una vista panorámica me deleitaría con ella para darle reposo a los ojos que se cansarían al ver tanta letra, teclado y resplandor electrónico. Si esa vista panorámica fuera desde el espacio y desde el vacío pudiera ver el globo terráqueo, en definitiva, no pararía de escribir por horas. Si encima de eso pudiera compartir con amigos escritores el café no sería raro el también compartir las letras. Quién sabe si de esa forma nos convertiríamos en personajes de esa trama iniciada en un café sideral. 

Cafe Sideral

Ilustración de Gabriela Ibarra – http://gabrielaibarrailustraderas.blogspot.com

Estoy seguro de que se nos ocurriría enviar nuestro escrito en una sonda espacial con el propósito de surcar el infinito y más allá. No me extrañaría fabular la posibilidad de que una civilización desconocida se topara con nuestro escrito, “esto proviene de un planeta de escritores, en donde cada ser se expresaba en palabras escritas para intentar dejarlas grabadas para siempre…”, tal vez diría un ser lumínico con ojos enormes al encontrar ese objeto proveniente desde más de cien millones de años atrás.

 

 

 

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